martes, 4 de diciembre de 2012

Edward Bellamy: El mercado

Un ensayo escrito por Edward Bellamy a finales del siglo XIX, e ilustrado en 1977 por Carlos Giménez, sobre el surgimiento de la sociedad capitalista.

Erase una tierra muy seca y el pueblo que vivía en ella estaba en una gran necesidad de agua. No hacían más que buscar agua desde la mañana a la noche y muchos perecían porque no podían encontrarla.

Entre aquellos hombres había algunos más hábiles y diligentes que el resto, que habían incluso almacenado agua mientras los demás no habían encontrado ninguna. Estos hombres se llamaron capitalistas. Y sucedió que el pueblo fue a ellos y les pidió que les diesen, por favor, algún agua de la que tenían almacenada para poder beber, porque su necesidad era extremada. Pero ellos respondieron al pueblo: «Id por ahí, pueblo estúpido! ¿Cómo os vamos a dar de nuestra agua para que caigamos en la misma situación en que estáis y perezcamos con vosotros? Pero he aquí nuestra respuesta: sed nuestros servidores y tendréis agua.» Y el pueblo respondió: «Sólo pedimos que nos deis de beber y seremos vuestros siervos, nosotros y nuestros hijos.» Y así fue.

Pero los capitalistas eran hombres de entendimiento y sabios en su generación, Organizaron al pueblo, que era ya siervo suyo. A algunos los pusieron a trabajar en los manantiales, a otros los emplearon en transportar el agua y a otros los mandaron a buscar nuevas fuentes. Y toda el agua fue reunida en un mismo sitio y allí construyeron un gran depósito para guardarla. Este depósito se llamó «el Mercado».

Entonces los capitalistas dijeron al pueblo: «Por cada cubo de agua que nos traigáis para ser guardado en el depósito, que es el mercado, entendedlo bien, os daremos un penique; pero por cada cubo que necesitéis para beber, y que nosotros os daremos sacándolo del depósito, nos tenéis que dar dos peniques. La diferencia de precio será nuestro beneficio, teniendo en cuenta que si no fuese por este beneficio no haríamos nada por vosotros y todos
pereceréis.»

Esta propuesta pareció buena a los ojos del pueblo porque eran duros de entendimiento, y diligentemente se pusieron a la tarea de traer agua al depósito de los capitalistas durante muchos días; por cada cubo que ellos traían recibían un penique pero por cada cubo que ellos necesitaban tenían que pagar dos peniques.

Y después de muchos días el depósito se llenó y rebosó, porque por cada cubo que el pueblo traía recibía tan sólo el dinero suficiente para comprar medio cubo, y debido al exceso que quedaba en el depósito, rebosó. Porque el pueblo eran muchos pero los capitalistas eran pocos y no podían beber, más que los demás. Por eso rebosó el depósito.
Y cuando los capitalistas vieron que el agua se derramaba, dijeron al pueblo: «¿No véis el depósito que se está derramando? No traigáis más agua hasta que el depósito esté vaciado. Sentaos y esperar, y tened paciencia.»

DESEMPLEO

Pero cuando el pueblo no recibió los peniques que los capitalistas le daban por el agua que antes traían, no pudo comprar más agua porque no tenía con qué comprarla, y cuando los capitalistas vieron que no tenían más beneficios porque nadie les compraba agua, se preocuparon. Y entonces mandaron hombres a las carreteras, los caminos y los campos que fueran gritando: «Si hay alguien sediento, que venga a nuestro depósito y compre agua, porque se nos está derramando.» Esto lo hicieron porque se dijeron entre sí: «Los tiempos están malos; debemos anunciar nuestro producto.»

Mas el pueblo respondió diciendo: «¿Cómo podremos comprar si no contratáis nuestro trabajo? Dadnos trabajo como antes y no tendréis necesidad de anunciar el producto.»

Los capitalistas, sin embargo, dijeron al pueblo: «¿Cómo os vamos a contratar para traer agua cuando el depósito ya está rebosando? Comprad agua primero y cuando el depósito se vacíe por vuestras compras, os contrataremos otra vez.»

Y así sucedió que porque los capitalistas no los contrataron más, el pueblo no pudo comprar el agua que él mismo había traído antes al depósito; y porque el pueblo no pudo comprar más agua, los capitalistas no lo volvieron a contratar para traer agua.

Entonces se dijo: «Estamos en una crisis económica.»

La sed del pueblo era grande, porque ahora no sucedía como en tiempos de sus antepasados, cuando la tierra estaba abierta a todo el que quisiera buscar agua, sino que los capitalistas se habían apoderado de todas las fuentes, de todos los manantiales, de los pozos y de todas las vasijas que contenían agua, de modo que nadie podía conseguir agua fuera del depósito, que era el mercado. Y el pueblo murmuró contra los capitalistas y dijo:

«Mirad, el depósito está rebosando y nosotros nos morimos de sed. ¡Dadnos agua para que no perezcamos!»

Pero los capitalistas dijeron: “No. El agua es nuestra. No beberéis de ella a no ser que compréis con peniques.” Y lo confirmaron con juramento, diciendo después de este ademán. “El negocio es el negocio”.

No obstante, los capitalistas estaban preocupados porque el pueblo no compró más agua y ellos no consiguieron más beneficios. Entonces hablaron entre sí diciendo: «Parece que nuestros beneficios han impedido nuevos beneficios, y a causa de los beneficios que hemos hecho no podemos hacer más beneficios. ¿Cómo es que nuestros beneficios se han convertido en perjuicio para nosotros y nuestras ganancias nos han hecho pobres?

Mandemos a buscar a los adivinos para que nos interpreten esto.». Y mandaron a buscarlos.

LOS ADIVINOS eran hombres versados en el arte de hablar con oscuridad y se unieron a los capitalistas por causa del agua, de modo que pudieran beber ellos y sus hijos. Y hablaron al pueblo en favor de los capitalistas y fueron sus embajadores viendo que aquéllos no eran fáciles de ser entendidos ni hábiles para hablar. Y los capitalistas exigieron de los adivinos que les interpretasen esto: ¿Por qué el pueblo no compraba más agua, siendo así que el depósito estaba lleno? Varios de los adivinos respondieron y dijeron: «Es exceso de stock acumulado.» Otros dijeron: “Es a causa de la superproducción.” Y otros afirmaron: «Quita de ahí, esto ha sucedido a causa de las manchas del sol.» Y todavía otros respondieron: “La razón no es la superproducción ni las manchas del sol, sino la falta de confianza.”

TRANQUILIDAD

Y mientras los adivinos discutían entre sí, según su costumbre, los capitalistas se fueron quedando dormidos, y se durmieron, y cuando se despertaron dijeron a los adivinos: «Ya está bien. Nos habéis hablado de un modo confortable. Así, pues, íd y hablad también confortablemente al pueblo de modo que pueda descansar y nos deje a nosotros en paz.»

Pero los adivinos, aunque eran los hombres de la ciencia lúgubre —así eran llamados por algunos—, no querían acercarse al pueblo, temiendo ser apedreados, porque el pueblo no los amaba. Y dijeron a los capitalistas:
«¡Maestros! Es un misterio de nuestro arte que si los hombres están satisfechos y no sedientos, si están descansados, entonces encuentran confort en nuestras palabras, como vosotros. Pero si están sedientos y con el estómago vacío, no encuentran placer en nuestros discursos, sino que se mofan de nosotros. Porque parece que a no ser que el hombre esté satisfecho, toda nuestra sabiduría es para él una tontería.»

Pero los capitalistas dijeron: «Tenéis que ir adelante. ¿Por ventura no sois nuestros hombres para servirnos de embajadores?»

HAMBRE COMO EFECTO DE LA ABUNDANCIA

Y los adivinos fueron al pueblo y le descubrieron el misterio de la superproducción y cómo era necesario que muriesen de sed porque había demasiada agua, y cómo no había agua suficiente para todos precisamente porque había demasiada. Y del mismo modo les hablaron acerca de las manchas del sol, y de cómo todo esto había sucedido por razón de la falta de confianza. Y acaeció como los adivinos habían dicho: que toda aquella sabiduría pareció al pueblo una tontería. Y el pueblo los injurió diciendo: « ¡Idos de aquí, cabezas calvas! ¿La escasez va a venir de la abundancia?» Y tomó piedras para apedrearlos.

Y cuando los capitalistas vieron que el pueblo continuaba murmurando y no hacía caso de los adivinos, temiendo al mismo tiempo que viniese al depósito y tomase el agua por la fuerza, enviaron a ciertos hombres santos (que eran falsos sacerdotes) para decirles que se mantuviesen pacíficos y no perturbasen a los capitalistas a causa de su sed. Y estos hombres santos (que eran falsos sacerdotes) aseguraron al pueblo que aquella aflicción había sido enviada por Dios para salvación de sus almas, y que si la llevaban con paciencia y no se dejaban arrastrar por la codicia del agua, no molestaban a los capitalistas, sucederá que, cuando exhalasen el último suspiro, irían a un país donde no habría capitalistas y sí abundancia de agua. Por supuesto que también había algunos verdaderos profetas de Dios que tuvieron compasión del pueblo y no hablaron el favor de los capitalistas, sino que hablaron constantemente en contra de ellos.

CARIDAD

Ahora bien, cuando los capitalistas vieron que el pueblo aún murmuraba y no se apaciguaba por las palabras de los adivinos ni por la de los falsos sacerdotes, recapacitaron y metieron las puntas de sus dedos en el agua que se derramaba del depósito y los humedecieron, después dejaron caer las gotas del agua del extremo de sus dedos sobre el pueblo que se agolpaba alrededor del depósito, y el nombre de las gotas de agua era “caridad” y eran extremadamente amargas.

LAS FUERZAS

Pero viendo los capitalistas otra vez que el pueblo aún no se había calmado, sino que se enfurecía más y se congregaba cerca del depósito como si quisiera tomar el agua por la fuerza, se reunieron en consejo y llamaron a los más privilegiados entre el pueblo, a los que habían sido diestros en la guerra; los tomaron aparte y hablaron hábilmente a ellos y les dijeron:

«Venid; ¿por qué no compartís vuestra suerte con la nuestra? Si queréis ser nuestros hombres y servirnos contra el pueblo para que no tome el depósito por la fuerza, tendréis abundancia de agua y no pereceréis vosotros y vuestros hijos.»

Y los hombres fuertes, y los que habían sido diestros en la guerra escucharon estas palabras y sufrieron al verse persuadidos, pero su sed les empujaba y se fueron con los capitalistas y se convirtieron en sus ayudantes, y tomaron en sus manos palos y espadas, y defendían a los capitalistas, hiriendo al pueblo cuando se agolpaba junto al depósito.

LUJO Y DISPENDIO

Y después de muchos días el agua bajó de nivel en el depósito porque los capitalistas hicieron surtidores y piscinas para bañarse ellos, sus mujeres y sus hijos, y así desperdiciaron el agua para procurarse placer.

Y cuando los capitalistas vieron que el depósito estaba vacío, dijeron: «La crisis ha terminado.» Y mandaron llamar al pueblo y lo contrataron para que trajese agua y llenase otra vez el depósito. Por cada cubo de agua que el pueblo traía al depósito recibió un penique, pero por cada uno que los capitalistas sacaban para darlo al pueblo recibían dos
peniques; porque es claro que debían tener un beneficio. Y sucedió que, después de un cierto tiempo el depósito volvió a rebosar como antes.

LOS AGITADORES

Ahora bien, después que el pueblo había llenado muchas veces el depósito hasta rebosar y había padecido sed mientras el agua era malgastada por los capitalistas, sucedió que se levantaron en aquella tierra unos hombres que fueron llamados agitadores porque incitaron al pueblo. Les hablaron diciendo que deberían asociarse y entonces no tendrían necesidad de ser esclavos de los capitalistas y no volverían a tener sed. A los ojos de los capitalistas, estos sujetos estaban en lo cierto y con gusto los hubieran crucificado, pero temieron al pueblo y no lo hicieron.

SU MENSAJE

Y las palabras que los agitadores hablaron al pueblo eran éstas:

« ¿Hasta cuándo vais a ser engañados por una mentira, pueblo insensato, y vais a creer como verdadero lo que no es, para vuestro perjuicio? Porque todas las cosas que os han dicho los capitalistas y los adivinos son fábulas inventadas astutamente. Y lo mismo esos hombres santos que os han dicho que la voluntad de Dios es que seáis siempre pobres y miserables y sedientos, entendedlo bien, esos blasfeman de Dios y son unos mentirosos, y Dios los juzgará duramente, aunque perdone a muchos otros. ¿Por qué no podéis conseguir el agua del depósito? ¿No es porque no tenéis dinero? ¿Y por qué no tenéis dinero? ¿No es porque no recibís sino un penique por los cubos que lleváis al depósito, y tenéis, en cambio, que pagar dos por los que retiráis, de modo que los capitalistas se quedan con el beneficio? ¿No veis que de este modo el depósito rebosa necesariamente? ¿No veis que cuanto más duramente os afanéis y más diligentemente busquéis y traigáis el agua peor es para vosotros?»

Los agitadores hablaron al pueblo de este modo durante muchos días, pero nadie les hizo caso. Finalmente, llegó un momento en que el pueblo les escuchó y les respondió diciendo:

«Decís la verdad. A causa de los capitalistas y sus beneficios no conseguimos el fruto de nuestro trabajo. Así nuestro esfuerzo es vano y cuanto más nos esforzamos en llenar el depósito antes rebosa. De este modo no recibimos nada, precisamente, porque hay demasiado, según nos dijeron los adivinos. Pero tened cuidado, porque los capitalistas son hombres duros y sus misericordias son crueles. Decidnos si conocéis algún camino seguro para podernos librar de la servidumbre. Si no conocéis ese camino, idos en paz y dejadnos tranquilos para que, por lo menos, podamos olvidar nuestra miseria.»

Y los agitadores respondieron: «Conocemos el camino.» El pueblo les contestó: «No nos engañéis. Estas cosas han sucedido siempre, y nadie hasta ahora ha encontrado un camino de salvación, aunque muchos lo han buscado cuidadosamente con lágrimas. Pero si es verdad que conocéis el camino, hablad prontamente.»

Entonces los agitadores hablaron al pueblo del camino y dijeron:

«¿Qué necesidad tenéis vosotros de esos capitalistas para que les deis el fruto de vuestro trabajo? ¿Qué grandes cosas hacen ellos para que tengáis que pagarles este tributo? Sólo porque os organizan y os mandan ir y venir y os señalan la tarea, y luego os dan un poco del agua que vosotros habéis traído, y no ellos. ¡Aquí tenéis el camino para salir de esta servidumbre!

Haced vosotros mismos lo que hacen ahora los capitalistas: la organización de vuestro trabajo y la división de vuestras tareas. Así no tendréis necesidad de ellos y no les daréis más beneficios, sino que todo el fruto de vuestro trabajo lo repartiréis como hermanos, recibiendo cada uno lo mismo. Así el depósito no rebosará hasta que estén todos satisfechos y nadie pida más. Y después de esto, con el sobrante, podréis construir surtidores y piscinas con peces para deleite vuestro, como antes hicieron los capitalistas, pero ahora será para todos,»

Y el pueblo contestó: «¿Cómo podremos hacer eso, pues nos parece demasiado bueno?» Y los agitadores les respondieron:

«Escoged personas discretas que os guíen y organicen. Esas personas harán el trabajo que hacían los capitalistas, pero ellos no serán vuestros dueños, como son los capitalistas, sino vuestros hermanos y vuestros mandatarios para hacer vuestra voluntad. Y ellos no se quedarán con los beneficios, sino que recibirán su parte como los demás. Así, en adelante, no habrá entre vosotros dueños y esclavos, sino sólo hermanos, Y de tiempo en tiempo, según las necesidades, escogeréis a otros para que les reemplacen en el trabajo de organizar vuestras tareas.»

El pueblo escuchó y creyó que era cosa buena. Por otra parte, no parecía demasiado difícil, y únicamente gritaron: «Bien, sea como habéis dicho; lo haremos.»

EL FIN DE TODAS LAS COSAS:

Y los capitalistas oyeron el ruido de los gritos y lo que el pueblo decía. También lo oyeron los adivinos, e igualmente los falsos sacerdotes y los hombres hábiles en la guerra que estaban defendiendo a los capitalistas. Y cuando lo oyeron temblaron sobremanera de modo que sus rodillas daban una contra otra; se dijeron mutuamente: «este es nuestro fin,»

Había, sin embargo, algunos verdaderos sacerdotes de Dios vivo que no profetizaron por los capitalistas, sino que tuvieron compasión del pueblo. Y cuando oyeron su griterío y lo que decía, se alegraron con gozo grande y dieron gracias a Dios por aquella liberación. Y el pueblo fue y puso en práctica todas las cosas que los agitadores habían dicho que se hicieran, y todo sucedió como los agitadores habían anunciado, todo conforme con sus palabras: Y nadie tuvo más sed en aquella tierra, ni tuvo hambre, ni estuvo desnudo, ni con frío, ni con ninguna otra necesidad. Y cada hombre decía a su compañero: «¡Mi hermano!» Y toda mujer decía a su compañera: «¡Mi hermana!» Porque unos con otros eran como hermanos y hermanas que vivían juntos en unidad. Y la bendición de Dios descendió sobre aquella tierra para siempre.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Segundo septenario: El compromiso afectivo real

Un artículo de Sergi Ferré sobre el compromiso con el proceso real, que involucra el paso de La Fuerza (XXI) a El Colgado (XXII), pues sólo cuando eres libre de aceptar lo que se quiere en ti (no ya lo que tú quieres) puedes comprometerte con la verdad. Este proceso inevitablemente te lleva al arcano XXIII, y por lo tanto, a cortar con las ficciones del ego.

Fotograma del film "Angel-A" de Luc Besson, 2005
Pese a los grandes avances de la ciencia, ante la angustia emocional o existencial no existe un paliativo verdaderamente eficaz. Los que han optado por la medicación muchas veces advierten que el efecto anestesiante no resulta en un desahogo efectivo de la libido. Esto es: adormecen a la bestia, pero no dialogan con ella ni la interrogan sobre el sentido de su presencia.

Cualquier explicación que uno se pueda dar dentro de su propio sufrimiento suele generar más y más sufrimiento pues se piensa dentro de la creencia generada por el propio mito personal, que sostiene este sufrimiento y para el cual el sufrimiento existe. La única solución es aprender a desconfiar, poner en remojo nuestras convicciones, para que poco a poco podamos desprendernos de él, como una piel de serpiente, en el sentido de que ya no sea más necesario pues a sido atendido y comprendido. El camino para llegar a esto es harto oscuro (depresión, tristeza, melancolía...). Pero uno se imagina este "camino oscuro" como una situación ante la cual yo realizo una acción visiblemente heroica, en un movimiento hacia afuera que reivindica mi convicción interior. Pero eso es caer en el mismo error, pues la batalla no se realiza fuera sino adentro. Si lo pensamos veremos que la palabra "oscuro" nos remite a algo oculto, que acontece entre las sombras, que no es visible, y por lo tanto, a una experiencia íntima, donde además, estamos solos. Sí, la auténtica batalla se desarrolla en la más austera soledad, o sea, en los pensamientos privados que ocupan nuestra mente y a los que damos legitimidad cuando bajamos la guardia. En el caso de la dependencia los percibimos como voces de queja, de rabia, de desconfianza, de justificación, de excusa, que nos invaden desautorizando un auténtico gesto de confianza hacia lo que podría haber más allá, o sea, la auténtica salida de lo "oscuro".

Poder atender el compromiso con lo real es tema del segundo septenario

En el caso de la adicción a las relaciones, la falta de compromiso de la persona a quién amamos y que no nos corresponde, y que por tanto nos hace sufrir, no sería sino nuestro propio reflejo de una falta de compromiso real con nosotras mismas. El grupo de apoyo, como en una relación terapéutica, asume un papel de transferencia en el cual cada una se proyecta y ya no se trata más del grupo sino de ti. Entonces una escribe al grupo, asiste al grupo, se entusiasma con el grupo, se compromete con el grupo, y tras este primer paso en el que obtiene el subidón por la ficción de una conquista personal, viene el desencanto y, en el momento de la verdad, emerge la falta de un compromiso real, que es precisamente el punto de partida del trabajo a realizar y el objetivo único del grupo. Es justamente al reconocer que, en la acción, hacemos con el grupo aquello que, en la palabra, nos quejamos de los demás, cuando toma sentido la función de pertenecer a tal, pero es desgraciadamente cuando se llega a este punto crucial que muchas personas (se) abandonan.

Voy a explicar a continuación la experiencia personal que me llevó a hacer esta reflexión:
El fin de semana pasado, el sábado, la misma tarde de la reunión, yo había recibido una llamada personal que me dejó muy trastornado. Entonces cuando me preparaba para irme me encontré con mensajes de chicas que en el último momento habían decidido no asistir al encuentro. En ese momento fue cuando se libró la batalla en mi interior, y perdí. Me doblegué ante las voces de las que hablaba antes: "¿No ves que les da igual el grupo? Es una tontería lo que estás haciendo, cada una va a lo suyo, lo mejor es que pases de todo tú también y te quedes en casa cuidándote, qué bastante tienes con lo tuyo ¡qué se busquen la vida!". Así que por mi lado escribí un mensaje a las restantes para decirles que íbamos a estar solos (mentí) y que había decidido posponer la reunión (todo esto ¡una hora antes de su celebración!). Me daba igual todo, pues yo había decidido que daba igual. Pero de repente empezó a sonar mi móvil: Eran las chicas a las que había escrito, sorprendidas porque una se estaba preparando para salir, y la otra... ¡¡ya estaba ahí!! Le repetí mis excusas y finalmente me dijo: "Bueno, no te preocupes... no importa". Y es entonces cuando me di cuenta del error que estaba cometiendo, y le (me) dije: "¡Sí importa!". Todo, absolutamente todo el trabajo que había hecho en este grupo y en este blog no tenían el más mínimo sentido si ante esta prueba clave le daba la espalda y reconocía que lo que me pasa no es tan importante y no importa. Así que, vestido como iba, cogí la bici y bajé rodando hacia nuestro punto de encuentro.

Madre Teresa de Calcuta
Fue una reunión muy especial, porque me sentí francamente sostenido por las mujeres que ahí estaban. Me di cuenta de que yo no era tan importante, sino la voluntad que (no la mía, sino a través de nosotras) se estaba mostrando. Esto me recuerda el caso del efecto Madre Teresa de Calcuta: En la facultad de medicina de Harvard, el doctor David McClelland estaba estudiando el impacto que el amor tiene en la salud física. Para ello a estudiantes universitarios se les midió los niveles de inmunidad antes y después de ver un corto. El film mostraba imágenes de la Madre Teresa y sus misioneros de la caridad satisfaciendo las necesidades de personas pobres y necesitadas. Después de verlo los niveles de inmunidad habían aumentado significativamente en todos los estudiantes de la prueba, incluso en aquellos que informaron de sentimientos negativos hacia la Madre Teresa, considerando que era demasiado religiosa. Los detractores que se quejaban de que podría haber sido menos conservadora y más vanguardista, se dieron cuenta de que había fuerza en sus acciones, pues ella no hablaba de ello, lo hacía.

En el grupo lo más importante no es lo que uno dice, ni siquiera tener algo que decir, ni como te vas a presentar ni nada de esto, sino cumplir con el compromiso, pues ya no se trata del compromiso con el grupo, sino del compromiso contigo misma. Es cierto, aunque ese día no hubiera venido absolutamente nadie y sólo hubiera estado yo, el hecho de asistir y cumplir con mi compromiso, reconocer su importancia, decirme, no con palabras sino con hechos, "sí, tu recuperación es necesaria, mereces estar bien, aquí tienes a alguien (tú mismo) que te está mostrando que quiere que así sea", es lo más valioso (ver vídeo, un fragmento de la película "Angel-A").



Aquí, y solamente aquí, reside la auténtica fuerza, la fuerza que sólo aparece cuanto la tuya, tu pequeña e inconstante voluntad, que quiere lo que quiere, pero que rara vez quiere lo que se quiere en ti, se echa a un lado. Esta fuerza que te sostiene sin necesidad de tus aspavientos, pues no necesita de tu esfuerzo para ser sostenida, pues ella misma, sin necesidad de nada, se mantiene en pie, pues ella es LA verdad, son los hechos. ¿Qué miedo ante algo así, verdad? Porque ya aquí el ego y la ficción personal no tienen nada que hacer.

Para terminar, quisiera invitaros a la reflexión a través de este extracto de "Four Quartets", del poeta anglo-estadounidense T.S. Eliot:

"Para llegar desde donde no estás, tienes que ir por un camino donde no hay éxtasis. 
Para llegar a lo que no sabes tienes que ir por un camino que es el camino de la ignorancia. 
Para poseer lo que no posees tienes que ir por le camino del desposeimiento. 
Para llegar a lo que no eres tienes que ir por el camino en que no eres."

© Sergi Ferré Balagué, 2012

miércoles, 24 de octubre de 2012

La Papisa: Lo que siento ¿es real?

"Muchas gracias, Sergi, por este texto del "Mosaico de la Misericordia", me inspira mucho y para mí que tengo la tendencia a querer ayudar me da una lección y me ayuda. Miro a fuera, al otro, intento aconsejar y me olvido de mí. Y es que ahora me propongo poder hacer cosas como por ejemplo leer un libro, dibujar, hacer deporte.....cosas en las que lo importante no es el otro sino yo y como puedo entregarme a algo y disfrutarlo sin sentir ese vacío que debo llenar a través de otro. Quiero centrarme, aprender a estar conmigo misma, mimarme, tener vida propia. Curiosamente es entonces cuando los demás empiezan a respetarme y cuando me convierto en alguien interesante para el otro... al dejar de buscarlo." (Anónimo)

Si no siento lo que siento no existo, no soy nada ni nadie

Tú última frase "dejar de buscarlo" no necesariamente te lleva a tener una vida de anuncio "para el otro", dónde "empiezan a respetarme y (...) me convierto en alguien interesante", sino que si realmente es para "aprender a estar conmigo misma" te va a llevar a encontrarte precisamente con lo que rehuyes del texto, o sea, con lo que hay en ti, y por lo tanto a "(...) sentir ese vacío".

¿Por qué consideras que "ese vacío" está mal y no debería ser? ¿No eres tú (la misma que quiere "aprender a estar conmigo misma") la que "siente el vacío"? ¿Negar ser al vacío, no es negarte a ti misma una parte importante en el proceso de "centrarte"? ¿Qué es lo que te hace sufrir, el vacío en sí o la sentencia de que no debería estar ahí? ¿No lo sientes dentro de ti, no habita en tu interior, no te conmueve profundamente, no es verdad que existe... porqué entonces condenarlo? ¿Quién es el juez?

En el vacío uno se encuentra con lo que no es, desde donde no está, con lo que no tiene y con lo que no sabe ¡¡Qué mejor manera que relacionarte de verdad con lo "otro"!! Con el otro de verdad, con el que no te imaginas, y no con ese "otro" que es una proyección de uno mismo frente al cual se debe dar la talla. No se trata de hacerlo por ti, por tu ego, sino por lo que hay en ti, pues de otro modo siempre será una amarga victoria. Huyendo de la soledad te encuentras inevitablemente con lo que más temes.

Lo que sientes es real y ninguna determinación va cambiar esto. No es cuestión de abandonarse sino de encontrarse en lo que ya hay. (1)

Notas:

(1) Relación con el tarot: La Papisa (II).

El tema de la Papisa es el de contactar de primera mano con lo que brota en uno (sentimientos, pensamientos, sensaciones, ...) y sencillamente reconocerlo, esto es, darle realidad ontológica. Toda relación con el exterior, todo paso que andamos, toda dirección que tomamos, tiene una reacción que nos retorna con un valioso contenido: Nuestro propio reflejo.

Cuando en el texto del principio la persona hablaba del otro, de ser respetada por el otro, o de generar interés en el otro, la imagen de ese "otro" es también una reacción a una manera propia de proyectarse en el mundo (puesta en juego en la carta de El Mago -I-, y reconocida en La Papisa -II-). Entonces, al no observar que ese juez, supuestamente externo, frente al cual ella tiene que dar la talla, es en realidad una imagen que surge de uno mismo, toma la postura del niño que algún día llegará a crecer, desacreditando lo que hay ahora como inmaduro o inapropiado en pos de lo que debería haber. ¿Qué obtiene de ello? La fantasía heroica de que puede cambiar lo que no se ajuste al ideal, puesto que querer es poder ¿Cuál es el precio? La neurosis, o sea, la desconexión de sí misma, de su propia fuente de información.

Más adelante esta experiencia nos será fundamental en la carta de La Luna, cuando la película personal se vuelva inconciliable con la verdad que nos sostiene, puesto que las fantasías neuróticas hacen que la persona tome sus deseos por la realidad. Según Freud: "No hay signo de realidad en el inconsciente, de modo que no es posible diferenciar la verdad y la ficción investida de afecto." (Carta a Fliess, 1897) "Los síntomas neuróticos no se anudan de manera directa a vivencias efectivamente reales, sino a fantasías de deseo, y para la neurosis vale más la realidad psíquica que la material" (Obras completas, XX, pp. 32-33).

© Sergi Ferré Balagué, 2012.

jueves, 20 de septiembre de 2012

La Papisa del Tarot por Andrea Vitali

Ensayos de Andrea Vitali, fundador de la Asociación Cultural Le Tarot, para la iconografía del Tarot traducidos por Enrique Eskenazi.

La Papisa del Visconti Sforza
La Papisa aparece en los Tarots Visconti Sforza como una mujer vestida con hábitos de monje; en su mano derecha sostiene una vara con una cruz, en su mano izquierda el Libro de la Sabiduría (la Biblia o los Evangelios). Sobre su cabeza lleva el típico Triregnum. Los precedentes iconográficos de esta carta se encuentran entre las personificaciones de las más elevadas virtudes morales y religiosas, como puede verse en la inicial de la miniatura del s. XII conocida como "Sapientia Domini" (Bilia Sacra, Florencia, Biblioteca Laurenziana, Ms. Mugell, 2 f. 58) que muestra los mismos atributos, y el "Fides" monocromo pintado por el Giotto en la Capilla Scrovegni en Padua (figura 2). La Fe, como dice el primero de los versos octavos (acompañado, como en los marcos de las otras imágenes, por un senario proparoxítono) se presenta hieráticamente, con los símbolos de su mansión: en su mano derecha, coge una vara con una cruz, en su mano izquierda una tarjeta donde pueden leerse las primeras afirmaciones del Credo de Nicea y de Constantinopla. Detrás de la doble insignia de la Fe y la Razón, somete a los ídolos y se erige sólida sobre las rocas, rodeada por la luz, por ángeles y criaturas humanas. También aplasta un horóscopo, con los signos del Zodiaco, debajo de su pie; un gran llave del reino de los cielos está atada a su cadera derecha. Otro detalle: el manto y la túnica están rotos en varios sitios, indicando las laceraciones que han tenido lugar durante la historia (cismas y herejías). "Comparada con la fe de Dante, esta fe se enfoca más en la enseñanza y se expresa en formas simbólicas de un tipo definidamente escolástico" (Claudio Bellinati, "Giotto" 1996).

"Fe", Giotto, Capilla Scrovegni
Los versos dicen lo siguiente: Figurata et ierata / presentatur homini, indiscussa manet fides... ciuis autem valet tactus / aprobando loyter. Congregavit subiugavit / ydola viriliter, coronatur et fundatur / supra petra firmiter, angelorum et virorum / confortatur numine, mire recta et perfecta... (Figurada, es decir representada con sus símbolos canónicos, y hierática, aparece al hombre, la fe está más allá de toda discusión... y su valor yace en la influencia que proviene de la evidencia proporcionada por la lógica. Reunió y sometió los ídolos con muchas fuerzas, está coronada y firmemente apoyada en la piedra, se ve confortada por el consenso de los ángeles y los hombres, maravillosamente justa y perfecta...). La única diferencia de la imagen que hallamos en los antiguos Tarots es la tarjeta que reemplaza al libro.

Muchas otras imágenes de Fides/ la Papisa se encuentran en el arte del Renacimiento y del Barroco; hallamos una con los mismos atributos en la tumba de mármol de un Maestro de la Orden de los Caballeros de Malta, dentro de la iglesia de San Juan en La Valletta.

La presencia de la Fe en el orden de los Tarots encaja perfectamente con la visión cristiana medieval de la Escalera Mística que permite lograr la contemplación de Dios. Tomás de Aquino dice lo siguiente: "La perfección de la criatura razonable no sólo consiste en lo que es suyo por naturaleza, sino en lo que se le da mediante el compartir sobrenatural en la divina bondad. Por esto decimos que la última beatitud para el hombre consiste en la visión sobrenatural de Dios. Una visión que el hombre no puede lograr salvo como discípulo bajo el magisterio de Dios, de acuerdo con las palabras del Evangelio " que cada hombre que haya escuchado y haya aprendido del Padre venga a mi" (Juan 6:45)... Por lo tanto, para que el hombre alcance la visión perfecta de la beatitud, ha de creer antes en Dios, como lo hace un discípulo en su maestro" (II- II.q. 2, a.3; cf De Ver. q 14 a. 10) y más tarde "Como explicamos antes, lo que es indispensable para que el hombre alcance la beatitud pertenece propia y esencialmente al objeto de la Fe..." (II-II, q.2, a.7)

Papisa en el tarot Vieville (1650)
En el orden de los Tarots en los "Sermones de Ludo" del s. XVI, la Papisa es correctamente situada junto al Papa puesto que, como dice Tomás de Aquino, "la Fe es un don dado primero de todo a la Iglesia; sólo en la fe es que la Iglesia nunca falla; sólo en la Iglesia la Fe nunca es "sin forma", sino siempre "formada", esto es viva y animada por la caridad" (II-II, q. 1, a. 9, ad 3). Aquí Tomás de Aquino no entiende por Iglesia tanto una comunidad exterior y visible, que "administra la doctrina de la fe", sino como una entidad que cree y profesa la fe. En este sentido, involucra el misterio de la santidad real que posee la Iglesia, y de aquí la Iglesia como una realidad mística (Battista Mondin "Dizionario enciclopedico del pensiero di San Tommaso D'Aquino", 2000, página 291). "La profesión de fe se presenta en el símbolo en el nombre de toda la Iglesia, que debe su unidad a su fe. Pero la fe de la Iglesia es una fe formada (formada por la caridad); y tal es la fe de aquellos que pertenecen a la Iglesia por número y por mérito (qui sunt numero et merito de Ecclesia). Por esto el símbolo muestra una profesión de fe adecuada a una fe "formada"; y también por ello el fiel que no tiene una fe "formada" intenta lograrla" (ibid.). En otras palabras, la verdadera Fe ha de hallarse dentro de la Iglesia auténtica (representada por el Papa) y no puede existir fuera de ella.

La Papisa en el tarot de Marsella
Es un hecho innegable que la Papisa de los Tarots representa la Fe, puesto que el mismo monje, el autor de los "Sermones" la describe con las palabras "O miseri quod negat Christiana fides", una frase que parece el incipit de una expresión mayor, puesto que el monje añade el símbolo gráfico para "etc." a la palabra "fides", de la misma manera que en otras partes de los Sermones. Tal como aparece, la frase es imposible de traducir, pero lo interesante es que el monje hizo una referencia a la Fe. Estos "Sermones" aparecen como una invectiva en contra de los juegos de dados y de cartas, incluyendo los Tarots, de acuerdo con la noción del clero de su tiempo, que atribuía su origen al Diablo (el buen monje efectivamente nos da el nombre del pequeño demonio de hecho responsable, Azaro) en su deseo de llevar los hombres a la perdición; en efecto, escribe "Esta es la razón por la que los hombres blasfeman más cuando juegan que en otros momentos, puesto que convocan tantos diablos como puntos hay en el dado para provocar su ruina. Y puesto que en estos juegos todos pierden, la opinión es que ese dinero -en el que hay la sangre de Dios, de Cristo y de los santos- acaba en las manos de los demonios, que lo distribuyen a la gente desesperada que pide dinero a los diablos. Y finalmente todos acabarán en la pobreza, y la mayoría acabará muriendo en el patíbulo. Por tanto mantente alejado del juego, de otro modo etc.". Este sermón es importante puesto que - aparte del propósito con que lo compuso el fraile- nos da información acerca de un ordenamiento de los Tarots que se parece estrechamente a lo que tiene que haber sido el original, basado en el concepto medieval de la Escalera Mística.. Además los comentarios del autor reflejan la hipótesis de algunos respecto al significado de ciertas cartas tales como "El mondo cioè dio padre" ("El Mundo, es decir, Dios Padre"), "Lo caro triumphale vel mundus parvus" ("El carro triunfal o un pequeño triunfo") y también la Papisa en relación con la Fe.

Papisa Juana, J. P. Forest, "De claris selectisque mulieribus"
En la carta de los Tarots Visconti Sforza, actualmente en la Biblioteca Pierpont Morgan, vio Geltrude Moakley la imagen de la Hermana Manfreda Visconti-Pirovano, una pariente de los Visconti que había sido elegida papisa del pequeño culto lombardo de las Guglielminas, quemada en la hoguera en e otoño de 1300. El hábito monástico era el de las Umiliate, una orden reconocida por la Iglesia. Podría haber algo cierto en esta hipótesis, si recordamos la tendencia a identificar las figuras de los mazos Visconti-Sforza con miembros de la familia lombarda.

Ludovico Antonio Muratori habla de Guglielmina y de su vicaria Hermana Manfreda en la "XL Dissertazione" (Disertación Quincuagésima) de su obra "Antichitá Italiane" (Antigüedades Italianas) cuando habla de "Quali eresie ne' secoli passati abbiano infestato l'Italia" (qué herejías de los siglos pasados infestaron Italia): "Y puesto que los historiadores saben poco de esta famosa mujer (Guglielmina) y puede leer su auténtico juicio en la renombrada Biblioteca Ambrosiana, llevado a cabo en el año 1300, y la historia de sus errores mostrada por Puricelli y escrita a pluma; los Lectores no estarán descontentos si brevemente narro la historia, puesto que vale pasarla a la generaciones futuras para que en el futuro nadie se deje capturar por los sueños y los engaños de mujeres ruines".

El juicio es titulado "contra Guilielmam Bohemam, vulgo Guilielminam, ejusque Sectam".

I. Primero de todo pretendía ser el Espíritu Santo encarando en el sexo femenino y la hija de Constanza, esposa del rey de Bohemia, y reina.

II. En segundo lugar, así como el Arcángel Gabriel había anunciado a la Virgen María la Encarnación de la Divina Palabra; del mismo modo el Arcángel Rafael había anunciado a la reina Constanza la Encarnación del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, y un años más tarde, en el mismo día, nació Guglielmina.

III. Así como Cristo era verdadero Dios y verdadero Hombre, del mismo modo ella pretendía ser verdadero Dios y verdadero Hombre en sexo femenino, venida para salvar a los judíos, a los sarracenos y a los falsos cristianos, del mismo modo que los verdaderos cristianos se salvaron por medio de Cristo.

IV. Como Cristo, moriría en su naturaleza humana, no en su naturaleza divina.

V. Pretendía también que surgiría nuevamente con un cuerpo humano del sexo femenino antes de la resurrección final. a fin de ascender a los cielos ante los ojos de sus discípulos, amigos y devotos.

VI. Así como Cristo dejó su Vicario en la tierra San Pedro, para que dirigiera su Iglesia; del mismo modo ella dejó como su Vicario en el mundo a Mayfredam Ordinis Humiliatorum Sanctimonialem.

VII. Imitando a San Pedro, esta Mayfreda celebraría una Misa en el sepulcro del Espíritu Santo encarnado; y con un procedimiento solemne, repetiría la misma Misa y se sentaría y predicaría en la Basílica Metropolitana de Milán, y más tarde en Roma, en la Sede Apostólica, donde se reunirían los Apóstoles y los Discípulos tal como estaban con Cristo.

VIII. Se suponía que Mayfreda era una verdadera Papisa, con los poderes de un verdadero Papa, y esto significaba que el Papa y el Papado Romano de esos tiempos tendrían que ser abolidos para dar paso a esta Papisa, y de esta manera serían bautizados los judíos, los sarracenos y otras naciones que están fuera de la Iglesia romana y ni siquiera están bautizadas.

IX. Una vez que se hubieran removido los cuatro antiguos Evangelios, otros cuatro ocuparían su sitio, después de haber sido escritos por orden de Guglielmina.

X. Así como Cristo después de resucitar se dejó ver, ella también haría lo mismo con sus discípulos.

XI. Cualquiera que visitara el Monasterio de Chiaravalle. donde se la enterraría, recibiría la misma indulgencia como si hubiera ido hasta el Santo Sepulcro en Jerusalem. Por lo tanto, vendrían peregrinos de todo el mundo a visitar su tumba.

XII. Todos los seguidores de este Espíritu Santo serían amenazados por muchos males y con la muerte, tal como ocurrió con los Apóstoles de Cristo y sus seguidores, algunos de los cuales imitarían a Judas entregando parte de sus seguidores a los Inquisidores.

"Quinta Essentia" Leonardo Thurneysser Zum
Tales eran las principales enseñanzas abominables y la pretensiones ridículas de Guglielmina, y dejaré el resto aparte. Todo esto no fue pretendido por la misma Guglielmina , sino por la ya mencionada Mayfreda, y por una cierta impía Andrea Saramita. Quizás habían oido engaños semejantes de Simón Mago, descritos por Eusebio y por Santo Epifano. Lo sorprendente, acaso, es que Guglielmina acabó sus días en el año 1281 y fue enterrada primeramente en la iglesia de San Pietro all'Orto, y al comienzo del año siguiente sus huesos se transfirieron al Monasterio de Chiaravalle, y recibieron un entierro honorable. Uno de aquellos monjes escribió sus alabanzas, tratándola como una santa y una sanadora. Las lámparas y las velas permanecieron encendidas ante su tumba. Sus devotos también establecieron tres fiestas en el Monasterio. Mayfreda misma celebraba la Misa en casa, y sus seguidores besarían sus manos, recibiendo sus bendiciones, y a veces huéspedes como una Eucaristía. Ya puede verse de qué es capaz la gente ignorante e inculta, abandonada a sus opiniones a una insensata credulidad. Pero Dios el guardián de su propia verdadera iglesia no permitió que este engaño triunfara durante largo tiempo entre la gente de ese pueblo religioso y católico. En el año 1300 se descubrió el culto de Guglielmina, sus huesos fueron quemados, su sepulcro quitado. Andrea Saramita y Mayfreda Monaca, las jefas de la herejía, así como otras discípulas obstinadas de Guglielmina, acabaron sus días entre las llamas. Y así llego a su fin la fantástica e impía tragedia de estas gentes".

Papisa del tarot Oswald Wirth
A partir del s. XVII, la Papisa siempre se ha representado sentada, con un libro en sus manos, mientras una tela enmarca generalmente la parte superior de la figura, como en el tarot Vieville. Esta imagen se ha tomado de la iconografía de la legendaria Papisa Juana tal como aparece en los capítulos que le dedicó Jacques Philippe Forest en su "De claris selectisque mulieribus" (1494). Esta imagen finalmente se estabilizó en las cartas posteriores y en el Tarot de Marsella.

La obra de Leonardo Thurneysser Zum Thurn "Quinta Essentia" muestra una Papisa que tiene la llave en su mano derecha y apoya su brazo izquierdo sobre un libro. Esta es la Fe, tal como la representaba la corriente mágica, hermética y alquímica extendida por Alemania, donde se imprimió la obra.

Además de los atributos usuales de la Fe, junto a ella aparecen varios libros. Todos ellos son sobre temas mágicos y religiosos, tal como el Herbarium, la Quinta Essentia, el Misterium Aeternitatis. La Papisa, con una corona sobre su cabeza y su boca cerrada por un candado (ya que la fe no necesita expresar sus creencias) se sienta sobre un arca con las palabras "Toth" y "Azot" grabadas en ella. En el tarot del ocultista Oswald Wirth, la Papisa tiene en su mano derecha el libro con el símbolo chino Taichi del Supremo Tao, formado por los opuestos Yin y Yang, y tiene la llave en su mano izquierda.

viernes, 24 de agosto de 2012

Reflexiones de Alfred Adler

Notables frases de Alfred Adler tomadas por Enrique Eskenazi de diversas obras suyas. Adler fue colaborador de Sigmund Freud del que se desvinculó para fundar la psicología individual. Autor de libros como "El carácter neurótico" y "El sentido de la vida".

Adler (1870 - 1937), psicoterapeuta austríaco
Toda actividad psicológica muestra que su dirección está gobernada por una meta predeterminada. Empero, poco después de que comience el desarrollo psicológico del niño, todas estas metas tentativas, individualmente reconocibles, caen bajo el dominio de la meta ficticia, un fin que se considera firmemente establecido. En otras palabras, como un personaje diseñado por un buen dramaturgo, la vida interior del individuo está guiada por lo que ocurre en el quinto acto de la obra.

Si queremos entender la naturaleza de un individuo, entonces toda manifestación psicológica debiera percibirse y comprenderse como preparatorias para una meta particular. Cada cual desarrolla una meta final, consciente o inconscientemente, pero ignorante de su significado.

Confía sólo en el movimiento. La vida ocurre en el plano de los acontecimientos, no el de las palabras. Confía en el movimiento...

Es fácil creer que la vida es larga y los propios dones son vastos - esto es: fácil en el comienzo. Pero los limites de la vida se van haciendo más evidentes; se vuelve claro que una gran obra puede hacerse raramente, si es que se hace alguna vez.

Es más fácil luchar por los propios principios que vivir a su altura.

No hay algo así como el talento. Hay presión.

El mayor peligro en la vida es que puedas tomar demasiadas precauciones.

La únicas personas normales son las que no conoces muy bien.

La verdad es con frecuencia una terrible arma de agresión. Es posible mentir, e incluso matar, con la verdad.

Más importante que las disposiciones innatas, la experiencia objetiva y el entorno es la evaluación subjetiva de éstos. Además, esta evaluación permanece en una cierta y con frecuencia extraña relación con la realidad.

Los significados no están determinados por las situaciones, sino que nos determinamos a nosotros mismos por los significados que damos a las situaciones.

No podemos decir que si un niño está mal alimentado se volverá un criminal. Debemos ver qué conclusiones ha sacado el niño.

Todas las posibilidades hereditarias y todas las influencias del cuerpo, todas las influencias ambientales, incluyendo la presión educacional, son percibidas, asimiladas, digeridas y respondidas por un ser viviente que aspira: aspira la realización exitosa en su modo de ver. La subjetividad del individuo, su especial estilo de vida y su concepción de la vida moldean y configuran todas las influencias. La vida individual reúne todas estas influencias y las usa como ladrillos provocativos para construir una totalidad que aspira hacia una meta exitosa al relacionarse con los problemas externos.

Podemos comprender todos los fenómenos de la vida como si el pasado, el presente y el futuro junto con una idea rectora, supraordenada, estuvieran presente en ellos como indicios.

Cuando conocemos la meta de una persona, conocemos aproximadamente lo que seguirá.

Cada individuo actúa y sufre de acuerdo con su peculiar teleología (el estudio de los fines o propósitos), que tiene toda la inevitabilidad del destino, en tanto él no lo comprenda.

La opinión que una persona tiene de sí y del entorno puede deducirse mejor del significado que encuentra en la vida y del significado que da a su propia vida.

El ideal abstracto, ficticio, es el punto de origen para la formación y diferenciación de los recursos psicológicos dados en forma de actitudes preparatorias, disponibilidades y rasgos del carácter. El individuo entonces viste los rasgos de carácter exigidos por su meta ficticia, así como la máscara del personaje (persona) del actor antiguo tenía que adecuarse a los fines de la tragedia.

El alma humana muestra un impulso a capturar en formas fijas mediante supuestos irreales, esto es, ficciones, aquello que es caótico, siempre en flujo e incomprensible. Sirviendo a este impulso, el niño generalmente usa un plan a fin de actuar y encontrar su camino. Procedemos del mismo modo cuando dividimos la tierra mediante paralelos y meridianos, pues sólo así conseguimos puntos fijos que podemos poner en relación entre sí.

El neurótico está clavado en la cruz de su ficción.

Después de todo, no hay principio según el cual vivir que sería válido hasta el mismo final; incluso las soluciones más correctas interfieren con el curso de la vida cuando son empujadas demasiado lejos en el fondo, como por ejemplo si uno hace de la impecabilidad y la verdad la meta de toda aspiración.

Creo que no estoy limitado por ningún regla estricta o prejuicio, sino que prefiero suscribir al principio: Todo puede también ser diferente.

No debemos descuidar nunca el uso que el paciente hace de sus síntomas.

Habría muchos menos arranques de mal humor si no se ofreciera la posibilidad de asegurar de este modo la propia importancia.

Ninguna experiencia es una causa de éxito o de fracaso. No sufrimos de la conmoción de nuestras experiencias -al así llamado "trauma"- sino que hacemos de ellas lo que conviene a nuestros propósitos.

Uno de los complejos más interesantes es el complejo de redentor. Caracteriza a aquellos que conspicua pero inadvertidamente asumen la actitud de que deben salvar o redimir a alguien. Hay miles de grados y variaciones, pero siempre es claramente la actitud de una persona que encuentra su superioridad resolviendo las complicaciones de los demás.

En la investigación de un estilo de vida neurótico siempre debemos sospechar un oponente, y tomar en cuenta quién sufre más a causa de la condición del paciente. Usualmente es un miembro de la familia. Hay siempre este elemento de acusación velada en la neurosis, el paciente siente como si se le privara de su derecho -esto es, del centro de atención- y deseando atribuir la responsabilidad y la culpa en alguien.

Los individuos desafiantes siempre perseguirán a otros, y sin embargo siempre se considerarán perseguidos.

Una actriz neurótica, hablando sobre asuntos amorosos, dijo: "No temo en absoluto a tales asuntos. De hecho soy completamente amoral. Sólo hay una cosa: he encontrado que los hombres huelen mal, y eso viola mi sentido estético". Comprenderemos que con tal actitud uno puede muy bien permitirse ser amoral sin incurrir en ningún peligro.

Herir a otra persona mediante el arrepentimiento es uno de los recursos más sutiles del neurótico, como cuando, por ejemplo, se complace en auto-acusaciones.

Una mentira no tendría sentido a menos que la verdad fuera sentida como peligrosa.

Lágrimas y quejas -los medios que he llamado "poder del agua", pueden ser un arma extremadamente útil para perturbar la cooperación y ceñir a los demás a la condición de esclavitud.

...La preparación imperfecta origina las miriadas (cien veces cien) de formas que expresan la inseguridad y la inferioridad mental y física... En cada caso hay un "sí" que acentúa la presión del interés social, pero siempre está invariablemente seguido por un "pero" que posee mayor fuerza e impide el necesario aumento de interés social. Este "pero" en todos los casos, típicos o particulares, tendrá un matiz individual. La dificultad de una cura está en proporción a la fuerza del "pero".

"Si no tuviera (esta dificultad) yo sería el primero". Como regla, la cláusula "si" contiene una condición imposible de cumplir, o el propio arreglo del paciente, que sólo él puede cambiar.

La neurosis es el desarrollo natural, lógico, de un individuo que está comparativamente inactivo, lleno de un anhelo personal, egocéntrico, de superioridad, y por ello está atrasado en el desarrollo de su interés social.

Ver con los ojos de otro, escuchar con los oídos de otro, sentir con el corazón de otro. Por el momento esa me parece una definición aceptable de lo que llamamos sentimiento social.

En la vida real siempre hallamos una confirmación de la melodía del sí mismo integral, de la personalidad, con sus miles de ramificaciones. Si creemos que el fundamento, la base última de todo se ha encontrado en los rasgos del carácter, los impulsos o los reflejos, el sí mismo tiende a ser descuidado.

Los mismos tonos cuentan un cuento diferente en Richard Wagner que en Liszt.

La gente cree con frecuencia que izquierda y derecha son contradicciones, que hombre y mujer, caliente y frío, ligero y pesado, fuerte y débil son contradicciones. Desde un punto de vista científico, no son contradicciones sino variedades. Son grados de una escala, ordenados de acuerdo con su aproximación a una ficción ideal. De la misma manera, bueno y malo, normal y anormal no son contradicciones sino variedades.

El psicólogo puede tan sólo llamar la atención sobre los errores; el paciente, en cambio, se ve obligado a dar vida a la misma verdad.

El hombre sabe mucho más de lo que comprende.

domingo, 1 de julio de 2012

La diferencia entre lo "psíquico” y lo “psicológico”

Fragmento del libro ¿Qué es el Alma?, 2012 (What is Soul? Spring Journal Books, New Orleans, Lousiana) de Wolfgang Giegerich.

Traducción: Luis R. Álvarez.
Transcripción: Sergi Ferré.

"¿Qué es el Alma?" de W. Giegerich
Jung tenia un idea muy clara que lo humano, demasiado humano, pertenece a lo que no es alma. Esto se muestra, por ejemplo, cuando introduce una sorprendente distinción que pasó a través del mismo centro de la psicología terapéutica. Insistió, contrariamente al sentimiento prevaleciente en la mayoría de facciones de la psicoterapia, en que “es la más pequeña parte de la psique, y en particular del inconsciente, la que se presenta a ella misma en la consulta médica” (61). La mayoría de aquello a lo que está confrontado el terapeuta en la sala de consulta, pertenece, seguro, a la psyque, incluyendo el “inconsciente personal”, pero el alma―aquí, hablando como Jung, refiriéndonos a aquello más grande, a la parte excluida de lo que el llamaba el “inconsciente”―es un invitado poco frecuente. El trabajo en la sala de consulta, atender nuestros sueños, buscar la completitud, es básicamente trabajo del ego. La teoría psicológica (estoy aquí hablando exclusivamente dentro de la esfera de la psicología profunda) se supone comúnmente que está basada en lo que la experiencia empírica aprende a través del tratamiento de pacientes en la sala de consulta. Si es así, entonces es precisamente la “parte más pequeña” la que es transformada en la base y medida del todo y se cree que esta parte es la cosa real. Jung dice esto con claridad brutal: “la falsa [o pseudo] imagen del alma humana se vuelve la teoría del sufrimiento psíquico” (Obras completas, CW 10 ʃ 368, traducción modificada). A lo que no es alma (porque es meramente humano, demasiado humano) se le da implícitamente el estatus y rango de alma.

Konrad Lorenz con sus gansos, John Bowlby con sus niños
Esto también se puede aplicar a toda la investigación (y terapia) más reciente basada en la observación empírica de los bebes, en la teoría del apego, los estudios del vínculo de la madre y el hijo y el desarrollo de la empatía, juntamente con la investigación sobre las serias consecuencias que tienen para los individuos humanos cuando las cosas van mal en estas áreas durante los primeros años de sus vidas. Los puntos de vista obtenidos en estos campos son sin duda muy importantes, de la misma manera que el campo de la biología a gran escala es importante. De todas maneras, no son de relevancia psicológica. Exploran la biología humana, la biología (etología) del animal humano, no la psicología, el logos del alma. Es este contexto, si uno estudia bebes humanos o, como Konrad Lorenz, gansos comunes, no hay ninguna diferencia. El fundador de la moderna teoría del apego, John Bowlby, fue incluso directamente influenciado por el trabajo de Konrad Lorenz. En otras palabras, lo que en el fondo hizo fue extrapolar el campo de investigación etológica del biólogo para que incluya también ahora a los animales humanos: los seres humanos en tanto y cuanto ellos son animales con necesidades instintivas y reacciones características de la especie. No enriqueció la teoría psicológica (62). En todas las diferentes especies animales (de peces, reptiles, pájaros, mamíferos, humanos) las relaciones entre las madres y sus crías es muy diferente (las crías de pez normalmente crecen sin ninguna relación con sus madres, mientras que los bebés humanos en el otro extremo del espectro tienen una diferenciada y muy profunda relación), pero cada forma de relación (o de no relación) es una posible variación del mismo tema biológico. Y aunque algo radicalmente nuevo, una relación y por tanto una cualidad lógica, aparezca en escena con la emergencia de lo que Konrad Lorenz llamó “imprinting” (n. del trans. "imprenta, imprimación, huella") y del fenómeno del apego, de todas maneras aún permanece en el nivel de la biología. Mucha de la antigua teoría psicoanalítica de las relaciones objetuales y el trabajo en terapia en el nivel de las relaciones interpersonales y de transferencia-contratransferencia pertenece a la misma categoría, a la biología humana, como mínimo en tanto que son fenómenos verdaderos (en el sentido de lo que se muestra a sí mismo de su propio acuerdo) y no artefactos, resultados generados artificialmente a través de la misma técnica psicoanalítica (63).

Más aun, como ya sugiere la propia palabra, todo el trabajo en neurobiología, importante como es dentro de la comunidad de las ciencias, es también de relevancia biológica, pero no psicológica.

Hay en todos estos casos o bien una falta de conciencia del alma en sentido estricto por completo, de alma como dimensión en su propio derecho -el concepto de alma no ha sido ni siquiera visualizado, la categoría de alma sencillamente ha caído y no se utiliza- o, como sobretodo en algunas facciones junguianas, el nombre alma se mantiene e incluso es usado profusamente, seguro, pero por medio de una proyección sistemática e intencional, la dimensión del alma es reductivamente aprisionada en las vidas personales ordinarias de la gente común, cuyas vidas ordinarias son así a veces descritas como siendo una re-actuación de este o aquel mito y de ésta manera se glorifican y se inflan con un significado extraordinario (64). En ambos casos la diferencia psicológica entre lo que es alma y lo que no es alma se ignora o incluso se deshace. En el primer caso, porque uno de los lados de la diferencia psicológica simplemente desaparece, solo hay la realidad positivista de la vida psíquica como “comportamiento del organismo, del animal humano”, la cual, de todas maneras, se ofrece como el verdadero objeto de la psicología (mientras que lo que verdaderamente es alma “se deja para los poetas”, como Jung, ibidem -n. del trans: "en el mismo lugar"-, dice burlonamente). En el último caso, el caso de pintar lo ordinario con los colores de lo extraordinario, ambos lados de la diferencia psicológica se colapsan como en un cortocircuito en uno solo, y, eso seguro, en su lado más banal (65).

Desde aquí es fácil ver que, con otras palabras, la diferencia psicológica se puede definir como la diferencia entre lo psíquico y lo psicológico (66). El uso de estos términos en el sentido técnico que le doy en mi trabajo es admitidamente bastante artificial, pero es de ayuda y más que eso: preciso. Son casi sinónimos y aún así diferentes. La cuasi sinonímidad es necesaria para expresar el hecho de que la diferencia de la que estamos hablando no debe ser entendida en términos de totalmente lo otro, lo heterogéneo al fin y al cabo (en la manera en que “árbol” y “coche” son diferentes lo uno de lo otro). “Psíquico” y “psicológico”, compartiendo la primera parte de la palabra, corresponden a los esquemas alquímicos de lithos oy lithos (piedra no piedra) o el aurum nostrum non est aurum vulgi (nuestro oro no es el oro vulgar). “Psicológico” es la negación de lo psíquico, es “oy” (n. del trans: “no” en latín) psíquico, el no es psíquico, y aun así no es un extraño absoluto a este último, sino que es su negación determinada. Mientras que lo psíquico se puede conocer positiva y factualmente, lo psicológico contiene la palabra “lógico”, que apunta al logos, lo mental, lo no-ético, la realidad inteligible de lo psicológico, y por lo tanto comparativamente a la cualidad “fantasmagórica” de lo psicológico en contra de lo psíquico. El nombre correspondiente al adjetivo psíquico es “psique", la psique humana (las facultades intelectuales y emocionales del hombre, sus impulsos, deseos, etc.), lo cual es un aspecto de la vida del organismo humano y como tal pertenece a la esfera en gran escala de la biología y la antropología. El nombre que corresponde a “psicológico”, por contraste, es alma. (El idioma alemán hace esta conexión más claramente: en este contexto en el que no se refiere a un campo de estudio sino a una cualidad del fenómeno o a orientaciones, “psicológico” es seelisch, “alma” es Seele).

Esta diferenciación terminológica por supuesto que no excluye que en el uso práctico el termino psique pueda ocasionalmente ser aplicado cuando se quiere decir alma y viceversa. No necesitamos ser pedantes, fetichistas de las palabras. El punto es comprender la diferencia y pensar siempre en términos de ella, no formalizarla de forma rígida y aplicar mecánicamente una terminología técnica fija. ¿Por qué uno no debe, mientras quede claro por el contexto lo que se quiere decir, usar a veces la palabra psique o “inconsciente” para alma? ¿Por qué insistir en que siempre la misma palabra sea usada para un significado en particular, e insistir también en que una palabra en particular deba tener siempre el mismo significado? Sería falta de urbanidad. Pero esta falta aparece por supuesto en la tendencia frecuente hoy en día de liberarnos del peso de tener nosotros mismos que actuar activamente las distinciones en nuestra mente dejando que estructuras externas, objetivas, instituciones, terminologías o formas políticamente correctas de expresiones, mecánicamente lleven este peso por nosotros (lo cual sería otro ejemplo de la, más arriba mencionada, auto-abdicación del sujeto como sujeto pensante y entendedor).

Muy claramente la diferencia psicológica aparece en los escritos de Jung cuando, por ejemplo, escribe que “El cielo y el infierno son destinos impuestos al alma y no al hombre corriente, el cual en su desnudez y simpleza no tendría ni idea de qué hacer con él mismo en un Jerusalem celestial” (CW 9i ∫ 56, trad. mod.). ¡El alma y no el hombre civil! El alma es la negación del ser humano, no meramente otra parte de o algo “en” el ser humano. También sabemos que para Jung la palabra “hombre” puede equivaler simplemente a ego o a la ego-personalidad y por lo tanto estará contraste con alma (“el ego -es decir, el hombre empírico-”, en su libro MDR -Recuerdos, sueños y pensamientos- p. 346, cf. “el hombre -es decir, su ego,” MDR p. 337, “el ego, es decir, el hombre empírico ordinario como ha sido hasta ahora”, CW -Obras completas-11 ∫ 233, trad. mod.). Y para el hombre civil un “Jerusalem celestial” seria una combinación absolutamente sin sentido de palabras. Pero, dentro de la tradición Occidental, el alma sabe inmediatamente lo que es y lo sabe como una imagen por su más alto valor.

Lo que todo esto significa no puede ser mejor ilustrado que mediante la exposición y diferenciación de Jung de los dos tipos de productos literarios. Me refiero a CW (Obras completas) 15 ∫∫ 136-143. ¡Sorprendentemente Jung afirma que la “novela psicológica” no es muy práctica o interesante para el psicólogo! “En general, es la novela no-psicológica la que ofrece las oportunidades más ricas para la elucidación psicológica”. Incluso antes de que vayamos a una descripción más detallada de lo que quiere decir Jung, vemos claramente de que este es un caso de diferencia psicológica en acción, simplemente mirando a la estructura formal de las frases con su afirmación del término negativo y su negación del término positivo. La afirmación de Jung sigue la lógica contenida en “el alma no es lo que no es alma”, o lithos oy lithos, aurum nostrum non est aurum vulgi. “Lo psicológico” (lo cual en terminología de esta cita corresponde a lo que más arriba yo he llamado “lo psíquico”) es psicológicamente (es decir, para interés del alma) bastante irrelevante, mientras que “lo no-psicológico” (en el sentido que en mi terminología sería no-psíquico) es el verdadero regalo para el psicólogo.


Notas:

61) Cartas 1, p. 307, 17 Junio 1956, a Nelson. Cuando Jung habla de “el inconsciente” frecuentemente lo podemos sustituir por nuestro término “El alma”.

62) Se debe dejar aquí abierta la pregunta de si en la terapia de adultos que como niños fueron privados de la posibilidad de desarrollar un apego adecuado estos defectos deben ser tratados en el “mismo” nivel biológico (del animal humano) en el cual se dieron, el nivel de las emociones y las sensaciones del cuerpo, o de si el tratamiento de personas con tales problemas no debería ya ser un tratamiento psicológico. Uno debe tener en mente ciertamente dos cosas, primero, que las nociones a día de hoy, en el discurso terapéutico, de cuerpo y sensaciones corporales son abstracciones modernas (“el cuerpo” está intelectualmente disociado del intelecto y del alma; El verdadero yo como homo totus ya está departamentalizado); y, en segundo lugar, que los adultos incluso con tales defectos están irrevocablemente más allá del estadio de la infancia, y ahora tiene una consciencia consciente (se dan cuenta) de ellos mismos de su entorno y por lo tanto probablemente también necesitan tratar con sus defectos a través de una relación consciente con ellos mediante el entendimiento y el sentimiento (“sentimiento” en contraste con “emociones” y “sensaciones”) más que a través de la (presuntamente) inmediatez de las experiencias emocionales. ¿Puede un defecto de la primera infancia en el área del apego ser reparado, o acaso no, en el nuevo nivel de la madurez adulta, necesita ser constructivemente integrado en la conciencia?

63) En gran medida las técnicas psicoterapéuticas son métodos de producir los “fenómenos” que los psicólogos entonces interpretan y utilizan para construir sus teorías.

64) En esta conexión también podemos pensar en algunos acercamientos de Jung que hacen foco en la transferencia/contratransferencia literal de las emociones y reacciones (en un sentido completamente personalistico, y totalmente freudiano psicoanalítico), pero ofrecen estos así entendidos procesos como ejemplos de lo que Jung en su psicología alquímica trabajó como “psicología de la transferencia”. El comportamiento de los dos organismos (el terapeuta y el paciente) se identifica directamente con los procesos de fondo que se dan entre Rex y Regina, una identificación meramente por nombre. El nivel psicológico se pierde. El alma se reduce a emociones y relaciones literales humanas. Lo más complejo y lógicamente negativo se expresa en términos de hechos positivos de un nivel mucho más simple, de experiencia sentida subjetivamente o imaginación.

65) “Banal” por supuesto solo desde el punto de vista del alma.

66) Otras palabras claves para expresar la diferencia psicológica son: alma vs. hombre (el animal humano o organismo; el humano, demasiado-humano; el punto de vista antropológico); contra natura vs. lo natural; interpretación (evento de significado, lo que tiene en sí mismo calidad de conciencia, es objetivo-subjetivo) vs. hecho; reflejado vs. inmediato; “nuestro oro” vs. el sentido común del oro (aurum vulgi).

miércoles, 13 de junio de 2012

Wolfgang Giegerich: La cuestión realidad/irrealidad

Un artículo de Wolfgang Giegerich, traducido por Enrique Eskenazi y comentado por Sergi Ferré.

James Hillman y Wolfgang Giegerich ¿una sicigia?
James Hillman representa un avance decisivo en la psicología analítica de Carl Gustav Jung, que postuló la dinámica autosuficiente del símbolo, a través de la psicología arquetipal de la cual es el máximo representante. Esta corriente plantea la vida psicológica en términos politeístas, mostrando una vida psíquica poblada de múltiples dioses a los que hay que atender como la realidad más próxima al alma (psique).

En julio de 1992 se celebró un certamen como homenaje a Hillman, al principio del cual éste animó a los participantes a que invocaran al dios Dioniso, con la pornografía como tema. Uno de los momentos más polémicos fue la participación del analista Wolfgang Giegerich que criticó tal importación de los dioses clásicos. Marcus Quintaes lo explica así: "Giegerich argumenta que no se puede desistir de sacrificar toros y continuar afirmando que se cree en Zeus. Si se hace un festival para celebrar a los dioses es necesaria una matanza sacrificial, pues es ésta la que trae la presencia divina que transforma el día en festivo o sagrado" (1). En las propias palabras de Giegerich: "La palabrería sobre los dioses en la psicología arquetipal es sólo un tipo de jerga glamurosa, distante en lo fundamental de la realidad a la que antes remitía la palabra 'dioses'". A raíz de aquí nace un debate entre Hillman y Giegerich que llevará al primero a responder a tales acusaciones en el artículo "Una vez más en la brecha" de 1994. Giegerich contesta con el siguiente artículo: Una respuesta a la respuesta de Hillman.

Sergi Ferré

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Habiendo dado un paso o dos más allá de la psicología arquetipal, he esperado durante algún tiempo una reacción de mi amigo James Hillman, de quien tanto he aprendido y de cuyo trabajo el mío, aún cuando a veces sea crítico con el suyo, siempre estará en deuda. Se ha cansado de la argumentación intelectual, del estilo de pensamiento argumentativo que tan elegante y convincentemente practicó en obras tales como Re-Imaginar la Psicología. De modo que estoy muy agradecido por que haya vencido a su reluctancia y una vez más haya entrado en batalla, más aún cuando sus acusaciones me dan la oportunidad de clarificar algunos malentendidos respecto a mi posición, que otros lectores de Spring puedan compartir con él.

Sin embargo me sorprende un poco que sus objeciones estén en la línea de los mismos antiguos gritos de batalla con los que la psicología arquetipal en sus primeros días se distanció de los modelos de pensamiento más convencionales de la psicología junguiana: literalismo, fundamentalismo, visión monoteísta, falacia ontológica (2), activismo del ego, etc. Estas falacias son el material de la escuela elemental de la psicología arquetipal. Había imaginado que Hillman otorgaría más sofisticación y complejidad a mi argumento en “Matanzas”, ya que después de todo él mismo, en el mismo artículo, me considera con extraordinaria generosidad una “mente totalmente radical”. Las viejas etiquetas, creo, ya no bastan contra ideas que se han desplazado a nuevos horizontes.

El mito de Barba Azul
Una dificultad con mi artículo “Matanzas” es por supuesto su brevedad. Es 1) la condensación de 2) sólo la mitad del argumento presentado en mi libro, Totüngen. En la primera mitad de este libro hablo hacer de “Matanzas de Primer Orden” (del cual es un resumen mi artículo en Spring); en la segunda discuto bajo el encabezamiento “Matanzas de Segundo Orden” el proceso histórico en el cual el alma (comenzando por ejemplo con los profetas del Antiguo Testamento) se vuelve contra los mismos sacrificios de sangre previamente apreciados durante siglos o milenios. Con un acto incisivo de matanza tras otro (hasta, por ejemplo, el Iluminismo y la Revolución Francesa) el alma ha provocado sistemáticamente la destrucción de la sustancia de las culturas ritualistas. Además, todo el libro sobre las matanzas fue planificado originalmente como un capítulo de otro libro escrito simultáneamente, Animus-Psychologie, que expone una teoría de la psicología basada en la idea del alma como la sicigia dialéctica, autocontradictoria de a) alma como anima y b) alma como animus (3). La psicología arquetipal junguiana parece haber prestado atención más o menos sólo a una mitad de la sicigia entera, sirviendo predominantemente a un anima separada de su propio Otro, el animus como logos y lógica (cuyo imagen fenomenológica primera y más extrema es el asesino del alma, Barbazul). Así la psicología tiende a defender la inocencia virginal del anima y su imaginación...

Al estar privado de su contexto más amplio, un artículo tan corto sobre un tópico tan amplio se presta a malos entendidos. El lector tiende a captar sus ideas con la estructura usual de la psicología arquetipal y no dentro del horizonte en que son concebidas. De modo que el artículo debiera considerarse de hecho no más que como un aperitivo para el primero de ambos libros. No debiera bastarse a sí mismo, a menos que el lector tenga la capacidad y la disponibilidad para pasar por el trabajo de reconstruir en su mente, a partir de las pautas dadas, la estructura presupuesta que se explica en los dos libros.

Pero consideremos las objeciones individuales de Hillman. Comenzaré con la segunda, la falacia ontológica, porque es la más básica. Hillman afirma que elijo un tipo de realidad (es decir, “los hechos efectivos”) de un amplio campo de realidades (tales como ideales, principio, metáforas, etc.) y lo privilegio sobre los demás. Sin embargo no es eso lo que hago. No hablo de realidades en absoluto. Mi argumento no es ontológico; es lógico (psico-lógico). Este es uno de los cambios esenciales que hice hace algunos años; ir más allá de la ontología a la lógica, más allá de “Heidegger” a “Hegel”. Por supuesto, todos los tipos de realidades que lista Hillman son reales. No tengo problemas con eso. Y la visión de Jung de la psique como fantasía que crea diariamente realidad, es la premisa de la cual procede mi pensamiento, así como también la otra idea de Jung, que estamos rodeados por la psique por todos los lados, y de modo inescapable. Hasta este punto no hay diferencia entre Hillman y yo. ¿Cómo podría, habiendo aprendido mi lección hegeliana, desear “salir de la mente” (p.7) hacia algo “más real”? ¿Y como podría esperar llegar allí mediante grandes expresiones que terminen en -keit, -heit, -tum (p. 7), lo que muestra abiertamente que son abstracciones y propiedad inalienable de la mente?

Para mí el problema de la “realidad” comienza después de que uno ha entendido que la psique crea “fantásticamente” realidad cada día, y que no hay nada que “no sea real”. Sólo entonces surge mi cuestión, la cuestión de qué estatus lógico y psico-lógico tiene cualquier cosa. Cuando Hillman afirma que ciertos colegas “preservaron durante los días de Disney de salud y felicidad consumista una visión de una implacable verdad viva” (p. 2) o cuando dice que el grito que atravesó la antigüedad al comienzo de la era cristiana, “el Gran Pan ha muerto”, era “sólo un trozo de propaganda cristiana” y añade, “Diga una mentira lo suficientemente grande y se volverá una verdad creíble” (p. 13), está operando con las mismas distinciones lógicas entre algo real y algo aún no real. Los días de Disney de salud y felicidad consumistas y el grito: “El Gran Pan ha muerto” eran reales hablando ontológicamente. Pero con las palabras “Disney” y “consumismo” en contraposición a “verdad implacable” en un caso, y a “propaganda” o “mentira” en el otro, indica que él mismo les deniega el estatus lógico de verdad o realidad. La publicidad, la realidad virtual, el ciberespacio, las pegatinas sobre los coches, las ideologías, las flores de plásticos son muy reales (ontológicamente). Pero eso no implica que lógicamente tengan el mismo estatus de realidad que, por ejemplo, un templo griego o una catedral gótica. Lo que es real en un sentido puede sin embargo ser falso en otro.

Zeus diseñado por Disney
Esto me lleva al uso de “Dioses” en la psicología arquetipal. ¿No podría ser que si se aplica el “ver a través” propio de la psicología arquetipal a los productos de la misma psicología arquetipal se descubra que alguna de sus interpretaciones no tienen el estatus de “verdad implacable”, sino que pertenecen a un tipo de mundo Disney? ¿Que los “Dioses” vistos por algunos psicólogos en los fenómenos de hoy son como pegatinas puestas sobre los fenómenos, más que una automanifestación de los Dioses en o a través de los fenómenos? Creo que éste es el caso. Mucho del discurso sobre los Dioses me parece directamente ilusorio. Los fenómenos de la vida son semejantes a lo largo de las eras. Debido a las analogías formales es fácil interpretar los fenómenos de nuestro tiempo en términos de los Dioses que los griegos habrían visto en ellos. Pero para hacer esto uno tiene que sacar los fenómenos de hoy del contexto moderno actual que los informa y darles un estatus enteramente distinto.

¿Es tan inverosímil pensar que la psicología con su acento sobre las imágenes sea un partícipe inconsciente y, de hecho, un contribuyente del poderoso movimiento de la humanidad occidental hacia el mundo artificial de la publicidad, los museos, los espectáculos, el turismo, Disneylandia, la realidad virtual, sólo que de un modo mucho más ennoblecido y en un nivel más elevado intelectualmente?

Hillman dice: los Dioses son inmortales. Estoy de acuerdo. Pero considero “inmortal” como un atributo imaginal de los Dioses y no como un hecho literal, del mismo modo que no creo que dos personas que se prometen eterno amor no sean libres de llegar a divorciarse unos años después o que deban considerarse mentirosos si se separan. El mismo Hillman es aquí culpable de “concretismo mal ubicado”. Precisamente porque la psique crea realidad siempre de nuevo, también crea sus Dioses, juntos con toda la experiencia del mundo de un pueblo o cultura. Pero si esta cultura o pueblo han pasado, sus Dioses con toda su inmortalidad también han pasado. Cuando digo que no se puede tener a Zeus sin sacrificios de toros, quiero decir que Zeus no es una “substancia” intemporal con diversos “atributos”. Los Dioses son hilos en trama llamada “nación” o “cultura”, son imágenes en el “poema” mayor que el alma crea en y a través de una cultura histórica dada (con todas sus costumbres, rituales, ideas, organización social y política, su estilo de economía, su estadio de tecnología, etc.). Así como no se puede quitar una imagen individual de un poema e insertarla en otro poema sin distorsionarlo todo, no se pueden extraer los dioses griegos del contexto total del “poema” llamado Antigua Cultura Griega e insertarlos en el mundo moderno. O bien se puede hacerlo, pero entonces, aunque se pretenda que no son meras alegorías, se los reduce al estatus de alegorías, citas, “schöngeistiges Bildungsgut”, categorías abstractas... Y a la vez se bloquea el camino para ver y honrar al dios o los dioses reales de nuestro tiempo.

Esto no implica negar que todavía hoy haya sueños arquetipales y otras experiencias visionarias, en los que pueden aparecer auténticas imágenes de los antiguos dioses. Pero entonces sólo aparecen en la esfera privada, personal, subjetiva, del individuo moderno, al igual que, por ejemplo, la antigua rueca puede reaparecer como parte de la afición privada de alguna persona, si bien es claro que ya no puede ser un factor económico real ni un medio de producción viable. Aquellos dioses no son parte de nuestra vida pública, objetiva, ni de nuestro conocimiento oficial, tal como fueron los dioses en tiempos antiguos y arcaicos, cuando la “teología” y el ritual impregnaban la totalidad de la vida, el Estado y el conocimiento integral acerca del mundo. Como dijo Jung, Zeus ya no habita en el Olimpo, es decir, el mundo real. Hillman probablemente tiene razón: los dioses aún “habitan nuestra subjetividad y gobiernan nuestros actos”, pero se olvida de añadir que tales dioses, que se han retirado a nuestra subjetividad, ya no son dioses, sino dioses aufgehobene (trascendidos y superados). Los dioses en los sueños modernos son “abgesunkenes Kulturgut” (bienes culturales perimidos) , así como nuestra psicología personal, privada, es en general la historia pasada del alma, en tanto superada (“aufgehoben”), y en este sentido no es lógicamente real. La psicología, en tanto psicología del individuo subjetivo, es eo ipso atención a lo que por definición es obsoleto (pero no obstante “real” en el sentido ontológico de Hillman; por “obsoleto” no deseo indicar que uno no debiera atender su propia vida onírica y psicología personal, sus síntomas; deseo expresar meramente su estatus lógico). Los antiguos griegos no tenían una psicología privada, subjetiva, así como no tenían una división entre trabajo y tiempo libre o aficiones (en cambio tenían esclavos). Estas son adquisiciones de la era moderna e indicadores de que nuestra vida se ha vuelto mucho más compleja lógicamente.

Me hace muy feliz la transposición que hace Hillman de este discurso al laboratorio alquímico. Pero veo dos problemas en la manera en que lo hace. El primer problema es que parece limitar el laboratorio alquímico a un área reservada. Para mí el principal laboratorio alquímico del alma es la historia, la historia de la cultura y de la consciencia, la historia del alma. Ciertamente, pensamos diversos tipos de ideas y formamos experiencias diversas de la realidad en diversos momentos del Opus alquímico (p. 9). Esto es exactamente lo que digo acerca de los dioses y de los muchos diferentes momentos (eras) de la historia. En cada nueva era fundamental, el mundo, por así decirlo, se crea de nuevo junto con sus dioses. Entre las diferentes fases, entre la nigredo y la albedo (4) en la alquimia literal, hay por ejemplo una muerte completa, habiéndose disuelto todo, descompuesto, vaporizado, quemado. ¿Por qué Hillman quiere retener una identidad (“inmortalidad”) cuando habla sobre los dioses, mientras que a la vez insiste en una diferencia real, en contenido y forma, entre los diferentes momentos de la obra?

Para ser justo debiera cualificar que no quiere retener los dioses en su misma fenomenología histórica y con la misma forma antigua de su culto. Sólo retiene -a mi parecer- una identidad abstracta, por ejemplo, de Zeus, a la vez que declara prontamente que todos los atributos específicos de Zeus son contingentes (p. 4), y ésto hasta el extremo de que me pregunto cómo se sabría que el nuevo “Zeus” es todavía Zeus. Podría ser cualquier cosa, de acuerdo con el modo en que habla Hillman ("cualquier maldito modo”, p. 4). Todavía pienso que las imágenes o realidades imaginales tienen su identidad en su fenomenología específica; son su fenomenología; no tienen, en el estilo de pensamiento de la metafísica tradicional, una identidad detrás de su fenomenología -entonces intercambiable. Si su fenomenología se va, también se van ellas.

¿Por qué me acusa de “pensamiento monoteísta” (p. 9) aún cuando mi argumento es justamente que cada momento diferente en la historia tiene sus propios y diferentes dioses, verdades, modos de ser-en-el-mundo? Como advirtió adecuadamente Hillman, usé el tiempo pasado al hablar acerca del sacrificio y acerca de los dioses. Pero el usé el pasado no porque me esté “desconectando de ellos” (cf. p. 14), “separando el mundo humano de los dioses” (p. 12) sino porque el opus procede mediante cortes (lógicos, no siempre empíricos) radicales, como los que hay entre la nigredo y la albedo. El opus (y no yo, personal y subjetivamente) ha separado a gran escala objetivamente la consciencia del hombre moderno de los dioses, incluyendo supongo la de Hillman y la de W. F. Otto. El Hillman renacido como pagano, empero, parece seguir aquí la lógica cristiana; con W. F. Otto piensa que la cuestión “no es cómo partieron los dioses; la cuestión es cómo los perdimos de vista” (p. 12 ss). En otras palabras, debemos culparnos a nosotros, los humanos; es nuestro pecado; no los tuvimos lo suficientemente presentes. No se trata de un cambio fundamental en el destino de los mismos dioses, ni de una transformación alquímica de la “sustancia” lógica o imaginal del mundo en el plano “metafísico” o “arquetipal”.

Pero Hillman sabe más. Sabe que hoy el “único dios que queda que verdaderamente es universal, omnipresente, omnipotente, fielmente obedecido en pensamiento y acción, que une a todo el género humano en actos diarios de devoción” es “La Economía” (p. 16), o como lo diría yo, el Dinero. Esta es exactamente la intuición a la que me llevó mi investigación en mis dos libros mencionados más arriba, en los que también ya se ha realizado la tarea que Hillman me encomienda: buscar el dios en la enfermedad y “mirar dentro de esos sentimientos de desesperación con los que acaba su artículo” (p. 14). Pero mientras yo me dejo “colocar” (en el sentido de Casey) en esta nueva situación por el opus de la historia del alma, Hillman se siente libre de actuar como si los antiguos dioses -Zeus, Hades, Hestia, Hermes, Dionisos y así sucesivamente- todavía vivieran, a pesar de su propia indicación.

Las tres fases alquímicas de la transmutación: Nigredo, Albedo y Rubedo

El segundo problema que tengo con su analogía alquímica es que sólo menta dos momentos del opus alquímico y me coloca en el primero, la nigredo, y a sí mismo en el segundo, la albedo, aunque bien sabe que la Obra continúa, a partir del estadio de albedo hacia el de citrinitas, amarilleo. Pues Hillman es después de todo el experto en “El Amarilleo de la Obra” (ver su artículo sobre el tema en los Procedimiento del Undécimo Congreso de Psicología Analítica, en París en 1989). Puedo estar equivocado, pero en mi apreciación mi obra puede verse como perteneciendo a la fase de amarilleo de la Obra y no a la nigredo -si se quiere usar estas metáforas. Tampoco niego la validez de la verdad del estadio de la nigredo ni la verdad del estadio de la albedo. ¿Pero puede detenerse aquí nuestro pensamiento? Mi crítica a la psicología arquetipal, para seguir dentro de esta metáfora, es que se queda en estado de albedo, fascinada por el anima alba y la inocencia de su imaginación pura, intacta, ilesa. Mi cambio desde la ontología y desde una pura imaginación hacia la lógica se corresponde con el acento en la forma intelectual (lógica) o el estatus que en su artículo sobre el amarilleo de la Obra, apoyándose en una frase del alquimista Dorneus, Hillman correlaciona con la fase de amarilleo. Acaso se vuelva claro aquí lo que quiero decir cuando afirmo que siento que no se ha hecho frente al verdadero desafío de mi artículo. Lo que para mí va más allá de la albedo, en la interpretación que Hillman hace de mi visión, se encuentra empujado de nuevo y sometido a la fase que precede a la albedo. Entonces parecería que la psicología arquetipal, en lugar de verse desafiada, ya hiciera tiempo que ha superado la posición que defiendo, y que soy una especie de renegado.
Por esto Hillman supone que la actividad de fantasía del alma, mediante la cual dice Jung se crea cada día realidad, no es suficiente para mí y que pido algo más duro, “un hecho duro real, como cuchillos en los animales” (p. 8). Esto es un error. Como he dicho, estoy perfectamente de acuerdo con la idea de la fantasía creadora de mundo. No apelo al cuchillo y la sangre, al estilo nigredo, contra esta fantasía creativa (de paso: el instrumento que figura en mi artículo no es el cuchillo, sino el hacha). Personalmente no tengo objeción al respecto, y los “hechos duros” que Hillman me atribuye son obviamente hechos positivos, a los cuales detesto. Estoy totalmente de acuerdo: los sacrificios, si se los realiza como puros hechos positivos, son “sólo otra carnicería o crimen en la carretera” (p.8). Pero no es este el acto sacrificial del que yo hablo.

La cuestión que para mí surge con vistas ala afirmación de Jung es muy diferente de la que Hillman imagina que me interesa. Es la cuestión de cómo ha de entenderse esta actividad de la fantasía o de qué modo ocurre. ¿Es la actividad de fantasía pura, literal, que flota libremente como acto mental, o una función psicológica que tiene su propio Otro, acto y hecho, fuera y frente a sí misma (lo cual parece ser la posición de Hillman, al menos en su respuesta)? Mi respuesta es no. “Poéticamente el hombre vive sobre la tierra” (p. 12), sí. Pero ¿tiene que tratarse de poemas literales? Sé que esto es una exageración; lo que pido del lector es que vea el poema en el sacrificio, o que vea el acto sacrificial como el poema, como poiesis (5). Lo que dije acerca de los sacrificios de sangre le exige al lector que avance a un punto de indiferenciación, al concepto de algo que, en tanto que acto literal, es sin embargo en sí mismo y a la vez imaginal o lógico. En otras palabras, requiere que comprenda el acto de matanza sacrificial como la forma en que se manifestó originalmente la misma actividad de fantasía de la que habla Jung. Que es por lo que la llamé el hacer-alma primordial.

Un acto positivo que es a la vez y en sí mismo lógico (no-positivo) es por supuesto una contradicción. No puede percibirse o imaginarse (vorgestellt). Solo puede pensarse. Necesita el “trabajo del Concepto”. Mientras se imagine el acto de sacrificio según las líneas de la percepción y Vorstellung, sólo se mira la conducta literal desnuda y su llamativa crueldad, el ultraje que representa. No se llega nunca al obrar interior, la poiesis, del acto. Por esto creo que la psicología tiene que ir más allá de lo imaginal del anima alba y proceder a lo lógico. Lo cual implicaría una revolución de la consciencia (y también una pequeña revolución de la psicología arquetipal; uno que, sin embargo, no la destruiría sino que la haría llegar a su propio elemento)

Pero Hillman separa la fantasía del acto o del hecho. Puede hablar de “la imaginación, la metáfora, la abstracción, de este acto” (p. 8). En mi noción del sacrificio no hay prioridad. El acto no es "realizado", "transformado", "animado" por la imaginación como realidad primaria (p. 8). Ni está acompañado por la fantasía. Es en sí mismo -esta es mi primera tesis- fantasía creadora de “mundo”, es en sí mismo un caso de la vida lógica del alma. Y mientras más atrás se vaya, menos hay una fantasía o imaginación como acto mental explícito, además de o independiente de los actos concretos. El modo en que la psique creaba realidad cada día era mediante el ritual, mediante la conducta real en la recolección y la preparación de comida, la construcción de casas, la organización de la sociedad y en la relación con el mundo natural y con los muertos.

Al decir “sólo cuando la imaginación transpone plenamente el acto de matanza en sacrificio, la matanza deviene ritual...” (p. 8), Hillman malgré lui e inadvertidamente postula un acto positivista, meramente literal, privado de imaginación, como realidad primaria, el cual entonces podría o no ser transpuesto en sacrificio secundariamente por la imaginación. De modo que “las cansadas y probadas divisiones de... sangre-real vs. metáfora-abstracto” (p. 15) que me atribuye y contra las que combate explícitamente siguen todavía operativas detrás de su propio pensamiento. En mi comprensión, tal acto desnudo, meramente literal, positivista, es sólo el resultado tardío de una larga, larga historia, es un notable logro cultural, y no un dato primario. Requirió miles de años de “matanzas del segundo orden” (la obra del animus dentro de la sicigia: separatio, abstractio, purificatio) para desnudar más y más lo real (el acto, el hecho, la physis) de su naturaleza imaginal inherente, y emancipar lentamente por medio de ello al mundo y al hombre del alma y de todo “significado”, positivizando así la realidad. Jung lo habría llamado el retiro de la proyección, pero también él sabía que en realidad no había habido “proyección” sobre hechos previamente desnudos, sino que todo comenzó con actos y hechos que ocurrían como inherentemente animados, poéticos (aunque no fueran conscientes en nuestro sentido). El hombre antiguo, sostengo, no podía evitar actuar poéticamente. Sólo nosotros estamos lo suficientemente emancipados como para concebir acciones y hechos estrictamente positivos, hasta el punto de incluso llegar relativamente casi a realizar actualmente tales puras acciones -al menos a veces (sin, empero, alcanzar verdaderamente este “ideal” de positividad)

¿Recuerdan lo que Jung dijo acerca de los elgony africanos que realizaban un extraño ritual de saludo al sol naciente, separando sus manos y tendiéndolas al sol? (6) Dijo que como era imposible que explicaran por qué hacían ésto, se dio cuenta de que en verdad sólo sabían que lo hacían, pero no qué era lo que hacían; no veían ningún significado en su acción. Esto también es conducta literal, que en sí misma es significativa y (psico)lógica (no positiva; Jung la interpreta como una oración muda, inconsciente) y, sin embargo, carente de cualquier imaginación previa, o secundariamente transformativa, o acompañante. Porque desde el comienzo el acto es la imaginación.
Hillman dice que lo que los dioses griegos pedían “no era sangre; era no ser olvidados” (p. 5). Nuevamente, creo, separa lo que inextricablemente va junto. Pues “no olvidar” no requería un recuerdo mental, un tipo de meditación o una actitud interior. El modo primario de no olvidar a los dioses era la realización meticulosamente precisa de los rituales (principalmente sacrificiales) que se les debía.

Que me haya vuelto hacia el sacrificio no se debe por tanto a ninguna predilección mía personal por lo hechos duros y los actos sangrientos. Fue necesario por exigencias intelectuales:

-la exigencia de ofrecer atención y apreciación adecuada a un enorme sector de la fenomenología psicológica que hasta ahora ha sido mayormente ignorado y descartado por la psicología.

- la exigencia de ir más allá de la oposición simple (no dialéctica) de lo literal-factual con lo imaginal (oposición con la cual lo imaginal mismo ha sido, malgré lui, literalizado);

- la exigencia de dar el necesario crédito al peso de lo imaginal tal como se encarna (“constela”) en un tiempo y lugar específicos, como así también al peso psicológico (no literal) del tiempo irreversible, en tanto que tal, a la historia, a las situaciones reales (en contra de las situaciones imaginales, platónicamente concebidas como intemporales, que serían el ciberespacio, la realidad virtual, o la versión de Hesse de los juegos de abalorios de esa realidad);

- la exigencia de traer a casa al anima intacta, cerrada en sí misma en el estadio de albedo, la consciencia de la indispensable violencia lógica inherente en el alma como sicigia.

Y creo que pude mostrar (en mi libro aún mejor que en el breve artículo) que, y cómo, el acto literal del sacrificio, breve y mudo, si se lo ve desde dentro, contiene de hecho en sí mismo, o mejor aún es, un rico mundo de vida imaginal (mejor aún: vida lógica). Cuando Hillman dice que “sin esa visión que percibe mitos en los actos, el sacrificio sólo es una mescolanza sangrienta” (p. 12) me pregunto por qué no ve que precisamente lo que hago es percibir y describir el mito en el acto sacrificial, y por qué insiste en reducir el acto sacrificial al estatus de un hecho duro positivo -o al estatus de una mera herramienta para recordar los dioses (ver más abajo).

Esto me lleva a la tercera acusación de Hillman, la acusación de la falacia de concretismo luterano. Aquí por un lado me declaro “culpable” (salvo que no lo veo como falacia), mientras que por el otro señalo que lo que está en juego aquí no es tanto mi concretismo, como el del fenómeno histórico mismo del sacrificio, al cual yo tan sólo analizo. Pero sea como sea, veamos qué dice Hillman. Se refiere a la discusión de Jung sobre la diferencia entre los enfoques de Lutero y Zwinglio respecto a la doctrina de la transubstanciación. Para Lutero el cuerpo y la sangre de Cristo estaban efectivamente presentes en la comunión, mientras que Zwinglio concebía la comunión como puramente simbólica. Hillman subraya que Jung acentúa la palabra como único vehículo de gracia, y no la ceremonia física, y conecta esta posición con la albedo. Pone a Jung, Zwinglio y se pone a sí mismo en un campo (el de los intérpretes simbólicos, espirituales, psicológicos) y a Lutero, Freud y a mí en el otro: el concretista, físico y literal.

El rito de la primera comunión
Pero yo creo que está “concepción puramente simbólica” de la comunión como sólo "compartir espiritual del cuerpo y la sangre” (p. 10, citando a Jung) es psicológicamente insostenible, si se lo toma como un paradigma del ritual en cuanto tal (aunque sea psicológicamente real, en tanto nosotros los modernos tenemos que pensar así). Reduce la comunión a un mero servicio conmemorativo. Es una visión falaz del ritual, como muestran los resultados de esta visión. Jung describe estos resultados con gran honestidad en sus Recuerdos, a partir de su propia experiencia de la primera comunión en la que participó: “nada había ocurrido... nada en absoluto... ni rastros de Dios... se había hablado sobre Él, pero todo se había reducido a meras palabras. No había observado signo alguno de 'comunión', de 'unión', de volverse uno con...¿Con quién? ¿Con Jesús? Si era sólo un hombre que había muerto hacía 1860 años. El hombre Jesús tuvo una relación con Dios, seguramente. Pero ¿cuál era el sentido de este terrible servicio conmemorativo con el pan plano y el vino amargo? Lentamente llegué a entender que esta comunión había sido una experiencia fatal para mí. Había resultado vacía; más que eso: había resultado una pérdida” (p. 54 ss., Vintage edition. He cambiado la confusa traducción “una pérdida completa” por “una pérdida”).

“No más que palabras”. Un Erinnerungsfeier (servicio conmemorativo) vacío. Esto es lo que resulta inevitablemente, si se sigue el camino de Zwinglio, en el que la palabra, en tanto que palabra literal (separada de lo concreto), es el único vehículo de gracia. Si Hillman dice que los dioses quieren ser recordados y que “los rituales ayudan a recordar; eso es todo, pero es mucho” (p. 13), le contradigo, junto a Jung, y afirmo que eso es nada, es vacío, incluso una pérdida. En el mejor de los casos es Hollywood, un espectáculo folklórico, un circo. Y es una castración de la noción misma de ritual. Los rituales no son Erinnerungsfeiern, ni un tipo de "aide-mémoire". Son (una forma de) la actividad de la fantasía por la cual la psique crea (no sólo recuerda) cada día realidad, incluyendo sobre todo la realidad de los dioses. ¿Y por qué me acusa Hillman de una “reversión al protestantismo” (p. 17) mientras él se considera un pagano? Su posición es como la de Zwinglio, y mucho más unilateralmente protestante que la mía, y su enfoque del ritual como apoyo a la memoria (es decir, como un mero signo, y no verdaderamente simbólico) no está ciertamente de acuerdo con la visión pagana (la cual, como dijo Jung, era completamente concretista y totalmente simbólica, como la visión católico romana y luterana de la transubstanciación).

Si todo lo que hacen los rituales es ayudar a recordar, entonces son como los dedos que usan los niños pequeños para contar o calcular, y nada más. Cuando ya hayan crecido, no necesitarán más la ayuda sensorial de sus dedos, porque sus operaciones matemáticas se habrán vuelto independientes del mundo exterior y se habrán retirado a la interioridad de sus propias (individuales, subjetivas) mentes (intelecto, Entendimiento). Lo mismo ocurre con la relación con un dios y con la imaginación, si el ritual se concibe como sólo una ayuda visual para recordar. La actividad de fantasía del alma se retira dentro de nuestra propia subjetividad privada. No olvidar a los dioses ya no es un acto “objetivo” y público. Es (ego) psicológicamente mi imaginar (mi de cada persona), mi habilidad imaginativa, mi ejercicio de una función mental. Pero esta mente, en tanto que mi subjetividad privada, no es la mente de la que habla Hegel ni la psique de Jung, ni la actividad de fantasía que crea realidad cada día. Como función psicológica o como facultad pertenece (junto con sus productos) a nuestra interioridad personal y está en un estatus semejante al que en ética tiene la mera buena intención.

Aquí debo recordar al lector que he dicho que el concretismo que prevalece en mi análisis del sacrificio no es mi concretismo, sino el del fenómeno. Y eso me lleva a la primera falacia de la que se me acusa, la del modelo histórico, que discutiré brevemente en conjunción con la acusación de mi supuesto “enfoque activista y humanista de los dioses”, mi “retorno al punto de vista estándar del ego” (p. 11). Estos cargos no surgen de mi escrito, sino de la lectura de Hillman. En ninguna parte el sacrificio de las antiguas culturas es para mí un modelo para el presente. Usé el tiempo pasado porque considero los sacrificios como un modo del pasado, absolutamente obsoleto, caduco. Afirmo expresamente que ni si quiera podemos desear regresar a ellos. En ninguna parte sugiero que la historia podría responder a nuestras preguntas. En ninguna parte pido que se obedezca a los dioses “mediante una imitación del pasado” (p. 3) o pido “algo concreto, como matar animales” (p. 16) No me interesa en absoluto “lo que debiera ser, más que dónde estamos actualmente” (cf. p. 14), lo cual considero un interés necio y sin sentido. No tengo un “anhelo romántico de invertir la historia” (p. 17) o de “restaurar” (p. 16) algo o “regresar al culto de la lanza, el hacha y al cazador/guerrero” (p. 5). Es ridículo suponer que yo podría decir: “qué estamos haciendo nosotros al respecto; hagamos algo; saquemos el cuchillo” (p. 11). Yo no estoy pidiendo nada, no tengo “programas” (p. 16). O mejor dicho: mi programa es el no-programa de simplemente conocer, comprender (begreifen) y poner en palabras lo que es y lo que fue. Quiero decir un comprender que implica a la vez nuestro ser comprendidos y penetrados por aquello que se comprende. Esto es lo que quiero decir con “sufrir sin compromiso” (que Hillman obviamente tomó como un sufrimiento emocional personal, mientras que yo quiero decir sufrimiento lógico: iniciación).

No quiero curar o cambiar nada -porque confío en la idea de que el verdadero opus alquímico no consiste en mi hacer sino el hacer de la psique objetiva (es decir: de la historia). Por tanto no hay “queja”,“lamento”, "descrédito” ni "Europesimismo” (p. 17) o “desesperación” (p. 14), del mismo modo que tampoco hay optimismo. Optimismo y pesimismo pertenecen al modo de la ilusión. Todos estos sentimientos e intereses subjetivos no tienen lugar en la obra de un psicólogo y un pensador, si es profesional. Su trabajo no es más ni menos que, como lo pone Hillman, contemplar la sombra de nuestros tiempos, sin ofrecer falsas esperanzas, y emprender, con respecto por lo que allí vea, la labor del Concepto, comprender, en el sentido abarcador de comprender recién explicado. Esto es terapia; saber y atender a la verdad de la era y al dios en su profundidad.

El símbolo del dinero
Es Hillman quien no puede dejar en paz a los dioses muertos, sino que quiere resucitarlos - “reconectar los dioses con los hechos” (p. 16). Cuando hablo en pasado, completamente dispuesto a dejar que los muertos entierren a sus muertos, es su necesidad aplicar inmediatamente las ideas del pasado al presente preguntando: “¿Y ahora qué hay acerca del hacer-alma? ¿Debe derramarse la misma sangre literal que supuestamente se derramaba en la antigua Grecia y en Palestina?” (p. 4). Es él quien dice: “Si, la cultura occidental hoy, aquí, al final de un eón, requiere en verdad rituales” (p. 4). Yo nunca podría decir eso, porque creo que nuestro dios, el Dinero (Hillman: La Economía) no exige rituales ni imaginaciones. Según mi análisis, este Dios es la manifestación del Dios cristiano como espíritu, aunque sólo en Su primera inmediatez (esto es, aún positivizado). Los rituales y la imaginación aún permanecen “naturales” en contraste con la naturaleza de logos de este dios. De hecho son totalmente inadecuadas para Él. Necesita el Concepto, la actividad intelectual de la psique (ver Plotino). Los verdaderos rituales (en tanto que opuestos a Erinnerungsfesten, espectáculos de aniversario, ceremonias formales) son cosa del pasado. La lógica de nuestra consciencia moderna no nos deja simplemente traer y poner nuestras ideas juntas y percibir como Uno lo concretístico, lo simbolístico o lo sensual y lo espiritual, lo cual sería un requisito previo de los verdaderos rituales. Y personalmente, como miembro del mundo moderno y de nuestro tiempo, no adhiero a lo que Hillman llama concretismo luterano en absoluto.

Puede advertirse aquí que por Dinero no quiero decir meramente dinero literal. Quiero decir Dinero como la lógica prevaleciente de nuestro mundo moderno y postmoderno. La lógica del “dinero” lo impregna todo. Se muestra en el turismo, el consumismo, la publicidad, la industria del espectáculo, la economía, en toda la esfera de las comunicaciones y los medios, en el postmodernismo, en la arquitectura, en nuestro ser-en-el-mundo, en la lógica formal que gobierna nuestro Entendimiento (la lógica de la cual Marx dijo que era el dinero del espíritu).

Es Hillman quien tiene un programa y quiere revalorizar algo que ha perdido su valor, y quiere aplicar el cuchillo: aplicarlo al “dios por quien los animales están ahora muriendo: La Economía. Sólo el deicidio puede revalorizar lo que los animales ya están realizando. Únicamente hacer caer al dios dominante podría liberar al alma para que se haga nuevamente mediante poiesis y liberar a los animales de tan sólo matanzas secularizadas” (p. 17). ¿No es éste el activista del ego que así habla? ¿No es “descuidar donde están (los dioses) efectivamente” en favor de “lo que debiera ser” (p. 14)? ¡Y qué hybris pensar siquiera que podríamos derribar al Dios dominante, especialmente cuando este dios es un dios tan verdaderamente universal, omnipresente y omnipotente como la Economía! Hillman decide que La Economía es el dios equivocado y privilegia a los dioses griegos que sólo sobreviven por medio de su ejercicio de imaginación (que flota libremente). No se deja "situar" por el opus en la observación de ese Dios que ocurre que es verdaderamente el nuestro, nos guste o no. Por el contrario, -en contra del Dios dominante, el Dinero- elige dioses alternativos que “probablemente son los únicos poderes en todo el ancho mundo que no han obtenido un céntimo” (p. 17), dioses que reconocidamente “nunca fueron locales”, “nunca autóctonos” de su continente (p. 17 y ss.), lo que a mi parecer los hace utópicos, irreales, dioses a lo Disney. El Dios cristiano como Dinero, empero, a pesar de su universalidad y total abstracción, es verdaderamente local, porque tiene un lugar firme en el alma de todos nosotros (también, particularmente, en el alma colectiva de la civilización americana a gran escala). Y tal como Jung insistía, los dioses reales siempre son específicos y locales, mientras que todos los otros dioses (como aquellos de India o China, pero también podríamos decir los de la antigua Grecia) son meramente contenidos de nuestro aprendizaje (ver su carta a Neumann, 5 enero 1952).

Pero en tanto el Dios cristiano está en su forma de Dinero, no es sin embargo un Dios real, aún cuando es realmente nuestro Dios. En Su forma como Dinero Él es, con certeza, ya una manifestación de Su negatividad o de su naturaleza puramente espiritual o logos (ya no natural, imaginal). Todo lo “natural”, todos los valores, los rituales, los dioses “naturales”, todos los significados y las tradiciones han sido y están siendo vaciados, alquímicamente descompuestos y evaporados en “bienes de consumo”, es decir en imágenes vendibles y susceptibles de publicidad (ideas, ideologías, opiniones, programas, los así llamados rituales como servicios de conmemoración y espectáculos, religiones, “información”),de modo que pierden el estatus lógico de sustancias ontológicas (7), el estatus de ser algo en su propio derecho. Por ejemplo, cuando hoy se cree estar comprando comida real en el supermercado, en verdad, es decir lógicamente, se está comprando la idea abstracta de una dieta saludable. Todo está fundamentalmente espiritualizado. Habiéndose revelado Dios Mismo como Dinero, ha emergido objetivamente a lo abierto que Él ya no puede ser imaginado, sino que sólo puede ser pensado (¡lógica! ¡La tarea del Concepto!). Pero puesto que esta negatividad todavía es positivizada como Dinero, no está liberada en una negatividad absoluta, El es un no-Dios; y puesto que bajo Su dominio, la descomposición de toda realidad en la pura espiritualidad o abstracción de comodidades permanece ella misma absolutamente concretista, debe considerárselo el Dios de la irrealidad (Realidad Virtual). Por esto es que Él no despierta ningún sentimiento de santidad y ningún significado.

Diría que la realidad (efectividad, Wirklichkeit en el sentido de Hegel, no Realität) es donde los padres del mundo Cielo y Tierra a la vez está separados y unidos, expresando inadecuadamente una relación lógica en términos mitológicos. Esto era el caso en el mundo informado por el sacrificio. La lógica del dinero, empero, está determinada por la sola separatio: absoluta abstracción de todo lo terrenal o concreto, y absoluto positivismo. Aún la misma Tierra y el cuerpo se han vuelto abstractamente espiritualizados: un programa “verde” o “feminista”, respectivamente. Nuestra realidad resulta ser irrealidad, o Realidad Virtual, nuestro Dios real el Dios irreal pero positivo llamado Dinero.

¿Es “protestantismo” el que yo mantenga mi lugar dentro de esta contradicción y bajo el dominio de este Dios? Seguramente. Pero ¿qué puedo hacer al respecto? El protestantismo -como el capitalismo y el monoteísmo (en su presente estadio más avanzado)- es ese momento del opus en el que aún nos encontramos. No podemos elegir el momento de la Obra en el que queremos estar. Cuando, por ejemplo, se está en la nigredo, entonces mi total compromiso ha de ser con ello... Tenemos que tomar la Obra en el momento en que ocurre que está, y en el que sucede, que es el momento que nos sitúa. Este momento (cualquiera que sea, y sin tomar en cuenta si intelectual o emocionalmente estamos de acuerdo con él o no) tiene que ser cumplido, ser vivido al máximo, ser agotado; comprendiendo y “sufriendo su lógica o verdad sin concesiones”, a fin de que la Obra pueda avanzar. No tiene que ser corregido ni combatido por medio de ideas tan impotentes como el deicidio de La Economía, ni complementado con los dioses politeístas de una imaginación que ya no está en contacto con -ni tan solo informada por- lo que está efectivamente ocurriendo (el verdadero Dios y la imaginatio vera de Corbin están objetivamente en lo real, es decir, en la enfermedad, en la imaginación de la enfermedad, y no subjetivamente en nuestras imaginaciones particulares). Que hubiera otros momentos y dioses antes, y que pueda haber otros momentos y dioses más tarde, no es de interés mientras estemos en este momento presente. La historia, el pasado, sólo sirve para poner en agudo contraste lo que no somos y dónde no estamos. Pero como tal, puede también servir como via negativa para buscar dónde tenemos nuestro lugar y nuestra verdad.

Sicigia de Sol y Luna
A medida que escribía esta respuesta, se me hizo evidente que las acusaciones que Hillman me ha dirigido en un sentido, se las he devuelto yo en algún otro sentido. Esto muestra dos cosas, creo. Primero muestra cuán sorprendentemente próximos son nuestros enfoques y estilos de pensamiento, porque ambos trabajamos con las mismas categorías y tenemos las mismas preocupaciones. Y muestra, en segundo lugar, que hay una diferencia real, fundamental, porque cada uno de nosotros ubica o vincula su propio interés de forma cruzada, por así decirlo, siempre allí donde el otro no lo hace. En mi Animus-Psychologie he hablado de la sicigia como la “unidad de la unidad y la oposición de los opuestos”. ¿Podría ser que sea esta sicigia la que se manifiesta en nuestra lucha, uniéndonos y separándonos a la vez de y ante el otro?

© Wolfgang Giegerich


Notas de Sergi Ferré:

1) Del artículo "Hillman revisando a Hillman: polémica y paranoia" por Marcus Quintaes. Traducido del portugués por Enrique Galán.

2) La falacia ontológica consiste en atribuir a un conjunto todas las propiedades de sus partes.

3) En la psicología junguina, el Ánima es el alma vestida de rasgos femeninos desde un Yo definido como masculino, y el Ánimus es el alma vestida de rasgos masculinos desde un Yo identificado con lo femenino.

4) En el proceso de transmutación de la materia que se detalla en la alquimia hay tres fases. El primero es la nigredo (la oscuridad, asociada a la putrefacción), la albedo (cuando la sustancia se vuelve de un blanco intenso), y la rubedo (la última fase muestra un rojo brillante). 

5) Poiesis es un término griego que significa "creación" o "producción".

6) El episodio de los elgony se narra en el libro "Recuerdos, sueños y pensamientos", la auto-biografía de Carl Gustav Jung escrita a finales de los años 50.

7) Ontológico se refiere a ser algo en su propio derecho.