domingo, 1 de julio de 2012

La diferencia entre lo "psíquico” y lo “psicológico”

Fragmento del libro ¿Qué es el Alma?, 2012 (What is Soul? Spring Journal Books, New Orleans, Lousiana) de Wolfgang Giegerich.

Traducción: Luis R. Álvarez.
Transcripción: Sergi Ferré.

"¿Qué es el Alma?" de W. Giegerich
Jung tenia un idea muy clara que lo humano, demasiado humano, pertenece a lo que no es alma. Esto se muestra, por ejemplo, cuando introduce una sorprendente distinción que pasó a través del mismo centro de la psicología terapéutica. Insistió, contrariamente al sentimiento prevaleciente en la mayoría de facciones de la psicoterapia, en que “es la más pequeña parte de la psique, y en particular del inconsciente, la que se presenta a ella misma en la consulta médica” (61). La mayoría de aquello a lo que está confrontado el terapeuta en la sala de consulta, pertenece, seguro, a la psyque, incluyendo el “inconsciente personal”, pero el alma―aquí, hablando como Jung, refiriéndonos a aquello más grande, a la parte excluida de lo que el llamaba el “inconsciente”―es un invitado poco frecuente. El trabajo en la sala de consulta, atender nuestros sueños, buscar la completitud, es básicamente trabajo del ego. La teoría psicológica (estoy aquí hablando exclusivamente dentro de la esfera de la psicología profunda) se supone comúnmente que está basada en lo que la experiencia empírica aprende a través del tratamiento de pacientes en la sala de consulta. Si es así, entonces es precisamente la “parte más pequeña” la que es transformada en la base y medida del todo y se cree que esta parte es la cosa real. Jung dice esto con claridad brutal: “la falsa [o pseudo] imagen del alma humana se vuelve la teoría del sufrimiento psíquico” (Obras completas, CW 10 ʃ 368, traducción modificada). A lo que no es alma (porque es meramente humano, demasiado humano) se le da implícitamente el estatus y rango de alma.

Konrad Lorenz con sus gansos, John Bowlby con sus niños
Esto también se puede aplicar a toda la investigación (y terapia) más reciente basada en la observación empírica de los bebes, en la teoría del apego, los estudios del vínculo de la madre y el hijo y el desarrollo de la empatía, juntamente con la investigación sobre las serias consecuencias que tienen para los individuos humanos cuando las cosas van mal en estas áreas durante los primeros años de sus vidas. Los puntos de vista obtenidos en estos campos son sin duda muy importantes, de la misma manera que el campo de la biología a gran escala es importante. De todas maneras, no son de relevancia psicológica. Exploran la biología humana, la biología (etología) del animal humano, no la psicología, el logos del alma. Es este contexto, si uno estudia bebes humanos o, como Konrad Lorenz, gansos comunes, no hay ninguna diferencia. El fundador de la moderna teoría del apego, John Bowlby, fue incluso directamente influenciado por el trabajo de Konrad Lorenz. En otras palabras, lo que en el fondo hizo fue extrapolar el campo de investigación etológica del biólogo para que incluya también ahora a los animales humanos: los seres humanos en tanto y cuanto ellos son animales con necesidades instintivas y reacciones características de la especie. No enriqueció la teoría psicológica (62). En todas las diferentes especies animales (de peces, reptiles, pájaros, mamíferos, humanos) las relaciones entre las madres y sus crías es muy diferente (las crías de pez normalmente crecen sin ninguna relación con sus madres, mientras que los bebés humanos en el otro extremo del espectro tienen una diferenciada y muy profunda relación), pero cada forma de relación (o de no relación) es una posible variación del mismo tema biológico. Y aunque algo radicalmente nuevo, una relación y por tanto una cualidad lógica, aparezca en escena con la emergencia de lo que Konrad Lorenz llamó “imprinting” (n. del trans. "imprenta, imprimación, huella") y del fenómeno del apego, de todas maneras aún permanece en el nivel de la biología. Mucha de la antigua teoría psicoanalítica de las relaciones objetuales y el trabajo en terapia en el nivel de las relaciones interpersonales y de transferencia-contratransferencia pertenece a la misma categoría, a la biología humana, como mínimo en tanto que son fenómenos verdaderos (en el sentido de lo que se muestra a sí mismo de su propio acuerdo) y no artefactos, resultados generados artificialmente a través de la misma técnica psicoanalítica (63).

Más aun, como ya sugiere la propia palabra, todo el trabajo en neurobiología, importante como es dentro de la comunidad de las ciencias, es también de relevancia biológica, pero no psicológica.

Hay en todos estos casos o bien una falta de conciencia del alma en sentido estricto por completo, de alma como dimensión en su propio derecho -el concepto de alma no ha sido ni siquiera visualizado, la categoría de alma sencillamente ha caído y no se utiliza- o, como sobretodo en algunas facciones junguianas, el nombre alma se mantiene e incluso es usado profusamente, seguro, pero por medio de una proyección sistemática e intencional, la dimensión del alma es reductivamente aprisionada en las vidas personales ordinarias de la gente común, cuyas vidas ordinarias son así a veces descritas como siendo una re-actuación de este o aquel mito y de ésta manera se glorifican y se inflan con un significado extraordinario (64). En ambos casos la diferencia psicológica entre lo que es alma y lo que no es alma se ignora o incluso se deshace. En el primer caso, porque uno de los lados de la diferencia psicológica simplemente desaparece, solo hay la realidad positivista de la vida psíquica como “comportamiento del organismo, del animal humano”, la cual, de todas maneras, se ofrece como el verdadero objeto de la psicología (mientras que lo que verdaderamente es alma “se deja para los poetas”, como Jung, ibidem -n. del trans: "en el mismo lugar"-, dice burlonamente). En el último caso, el caso de pintar lo ordinario con los colores de lo extraordinario, ambos lados de la diferencia psicológica se colapsan como en un cortocircuito en uno solo, y, eso seguro, en su lado más banal (65).

Desde aquí es fácil ver que, con otras palabras, la diferencia psicológica se puede definir como la diferencia entre lo psíquico y lo psicológico (66). El uso de estos términos en el sentido técnico que le doy en mi trabajo es admitidamente bastante artificial, pero es de ayuda y más que eso: preciso. Son casi sinónimos y aún así diferentes. La cuasi sinonímidad es necesaria para expresar el hecho de que la diferencia de la que estamos hablando no debe ser entendida en términos de totalmente lo otro, lo heterogéneo al fin y al cabo (en la manera en que “árbol” y “coche” son diferentes lo uno de lo otro). “Psíquico” y “psicológico”, compartiendo la primera parte de la palabra, corresponden a los esquemas alquímicos de lithos oy lithos (piedra no piedra) o el aurum nostrum non est aurum vulgi (nuestro oro no es el oro vulgar). “Psicológico” es la negación de lo psíquico, es “oy” (n. del trans: “no” en latín) psíquico, el no es psíquico, y aun así no es un extraño absoluto a este último, sino que es su negación determinada. Mientras que lo psíquico se puede conocer positiva y factualmente, lo psicológico contiene la palabra “lógico”, que apunta al logos, lo mental, lo no-ético, la realidad inteligible de lo psicológico, y por lo tanto comparativamente a la cualidad “fantasmagórica” de lo psicológico en contra de lo psíquico. El nombre correspondiente al adjetivo psíquico es “psique", la psique humana (las facultades intelectuales y emocionales del hombre, sus impulsos, deseos, etc.), lo cual es un aspecto de la vida del organismo humano y como tal pertenece a la esfera en gran escala de la biología y la antropología. El nombre que corresponde a “psicológico”, por contraste, es alma. (El idioma alemán hace esta conexión más claramente: en este contexto en el que no se refiere a un campo de estudio sino a una cualidad del fenómeno o a orientaciones, “psicológico” es seelisch, “alma” es Seele).

Esta diferenciación terminológica por supuesto que no excluye que en el uso práctico el termino psique pueda ocasionalmente ser aplicado cuando se quiere decir alma y viceversa. No necesitamos ser pedantes, fetichistas de las palabras. El punto es comprender la diferencia y pensar siempre en términos de ella, no formalizarla de forma rígida y aplicar mecánicamente una terminología técnica fija. ¿Por qué uno no debe, mientras quede claro por el contexto lo que se quiere decir, usar a veces la palabra psique o “inconsciente” para alma? ¿Por qué insistir en que siempre la misma palabra sea usada para un significado en particular, e insistir también en que una palabra en particular deba tener siempre el mismo significado? Sería falta de urbanidad. Pero esta falta aparece por supuesto en la tendencia frecuente hoy en día de liberarnos del peso de tener nosotros mismos que actuar activamente las distinciones en nuestra mente dejando que estructuras externas, objetivas, instituciones, terminologías o formas políticamente correctas de expresiones, mecánicamente lleven este peso por nosotros (lo cual sería otro ejemplo de la, más arriba mencionada, auto-abdicación del sujeto como sujeto pensante y entendedor).

Muy claramente la diferencia psicológica aparece en los escritos de Jung cuando, por ejemplo, escribe que “El cielo y el infierno son destinos impuestos al alma y no al hombre corriente, el cual en su desnudez y simpleza no tendría ni idea de qué hacer con él mismo en un Jerusalem celestial” (CW 9i ∫ 56, trad. mod.). ¡El alma y no el hombre civil! El alma es la negación del ser humano, no meramente otra parte de o algo “en” el ser humano. También sabemos que para Jung la palabra “hombre” puede equivaler simplemente a ego o a la ego-personalidad y por lo tanto estará contraste con alma (“el ego -es decir, el hombre empírico-”, en su libro MDR -Recuerdos, sueños y pensamientos- p. 346, cf. “el hombre -es decir, su ego,” MDR p. 337, “el ego, es decir, el hombre empírico ordinario como ha sido hasta ahora”, CW -Obras completas-11 ∫ 233, trad. mod.). Y para el hombre civil un “Jerusalem celestial” seria una combinación absolutamente sin sentido de palabras. Pero, dentro de la tradición Occidental, el alma sabe inmediatamente lo que es y lo sabe como una imagen por su más alto valor.

Lo que todo esto significa no puede ser mejor ilustrado que mediante la exposición y diferenciación de Jung de los dos tipos de productos literarios. Me refiero a CW (Obras completas) 15 ∫∫ 136-143. ¡Sorprendentemente Jung afirma que la “novela psicológica” no es muy práctica o interesante para el psicólogo! “En general, es la novela no-psicológica la que ofrece las oportunidades más ricas para la elucidación psicológica”. Incluso antes de que vayamos a una descripción más detallada de lo que quiere decir Jung, vemos claramente de que este es un caso de diferencia psicológica en acción, simplemente mirando a la estructura formal de las frases con su afirmación del término negativo y su negación del término positivo. La afirmación de Jung sigue la lógica contenida en “el alma no es lo que no es alma”, o lithos oy lithos, aurum nostrum non est aurum vulgi. “Lo psicológico” (lo cual en terminología de esta cita corresponde a lo que más arriba yo he llamado “lo psíquico”) es psicológicamente (es decir, para interés del alma) bastante irrelevante, mientras que “lo no-psicológico” (en el sentido que en mi terminología sería no-psíquico) es el verdadero regalo para el psicólogo.


Notas:

61) Cartas 1, p. 307, 17 Junio 1956, a Nelson. Cuando Jung habla de “el inconsciente” frecuentemente lo podemos sustituir por nuestro término “El alma”.

62) Se debe dejar aquí abierta la pregunta de si en la terapia de adultos que como niños fueron privados de la posibilidad de desarrollar un apego adecuado estos defectos deben ser tratados en el “mismo” nivel biológico (del animal humano) en el cual se dieron, el nivel de las emociones y las sensaciones del cuerpo, o de si el tratamiento de personas con tales problemas no debería ya ser un tratamiento psicológico. Uno debe tener en mente ciertamente dos cosas, primero, que las nociones a día de hoy, en el discurso terapéutico, de cuerpo y sensaciones corporales son abstracciones modernas (“el cuerpo” está intelectualmente disociado del intelecto y del alma; El verdadero yo como homo totus ya está departamentalizado); y, en segundo lugar, que los adultos incluso con tales defectos están irrevocablemente más allá del estadio de la infancia, y ahora tiene una consciencia consciente (se dan cuenta) de ellos mismos de su entorno y por lo tanto probablemente también necesitan tratar con sus defectos a través de una relación consciente con ellos mediante el entendimiento y el sentimiento (“sentimiento” en contraste con “emociones” y “sensaciones”) más que a través de la (presuntamente) inmediatez de las experiencias emocionales. ¿Puede un defecto de la primera infancia en el área del apego ser reparado, o acaso no, en el nuevo nivel de la madurez adulta, necesita ser constructivemente integrado en la conciencia?

63) En gran medida las técnicas psicoterapéuticas son métodos de producir los “fenómenos” que los psicólogos entonces interpretan y utilizan para construir sus teorías.

64) En esta conexión también podemos pensar en algunos acercamientos de Jung que hacen foco en la transferencia/contratransferencia literal de las emociones y reacciones (en un sentido completamente personalistico, y totalmente freudiano psicoanalítico), pero ofrecen estos así entendidos procesos como ejemplos de lo que Jung en su psicología alquímica trabajó como “psicología de la transferencia”. El comportamiento de los dos organismos (el terapeuta y el paciente) se identifica directamente con los procesos de fondo que se dan entre Rex y Regina, una identificación meramente por nombre. El nivel psicológico se pierde. El alma se reduce a emociones y relaciones literales humanas. Lo más complejo y lógicamente negativo se expresa en términos de hechos positivos de un nivel mucho más simple, de experiencia sentida subjetivamente o imaginación.

65) “Banal” por supuesto solo desde el punto de vista del alma.

66) Otras palabras claves para expresar la diferencia psicológica son: alma vs. hombre (el animal humano o organismo; el humano, demasiado-humano; el punto de vista antropológico); contra natura vs. lo natural; interpretación (evento de significado, lo que tiene en sí mismo calidad de conciencia, es objetivo-subjetivo) vs. hecho; reflejado vs. inmediato; “nuestro oro” vs. el sentido común del oro (aurum vulgi).